Edición del VIERNES 2 de Octubre del 2009
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Un millón de amigos
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nunezdelarco@gmail.com | Jaime Núñez del Arco

Llegué. E-mail, contraseña y estoy aquí. Entré a Facebook y desde el primer segundo tengo ganas de salir. Pero no salgo. Horas... y ahí estoy. Imagino que no estoy solo en esto.

Patología concreta: No lo uso –estoy diseñado, escribiendo, haciendo cualquier otra cosa– pero me hace sentir bien (¿tranquiliza?) saber que simplemente estoy ahí. Que cuando alguien importante, contactos de trabajo, mi familia o amigos lo abran, tengan la opción de escribirme y decirme eso  que necesito saber con tanta urgencia (hasta la fecha no  sucede, pero tengo la certeza de que ese día llegará).

Seriamente, abrí mi cuenta con un solo objetivo: trabajo. Mantenerme conectado con clientes y promocionar algunas de las actividades que realizamos. En pocas semanas, la cantidad de gente en mi red se ha reproducido geométricamente hasta llegar al día de hoy a –casi– quinientos. Sé que para muchos ese número es risible. Para mí fue sorprendente: nunca supe que tenía tantos amigos.

Por higiene, he decidido mantener mis amistades en exactamente ese número. No quiero tantos invitados a la fiesta.

En un futuro cercano, mientras la cantidad de “solicitudes” aumenta, tendré que borrar sistemáticamente a mis amigos actuales para aceptar a otros. Si este es el caso de algún lector, no se lo tome a mal. Es por una buena causa. Todos tenemos derecho.

Otro aspecto fascinante de Facebook es la generación de nuevas modas y actitudes colectivas. Y no hablo de temas hoy en día out como la desbordante capacidad que algunos tienen para compartir insignificancias (¡a comer a San Marino!, ¡sacándome las medias!,  ¡en el baño!), sino de otros más sutiles y siniestros, silenciosamente incorporándose al día a día digital. Para muestra, dos botones:

1. El “efecto viajero”: Estos son los amigos que, luego de ser invitados a un evento, ingresan a la sección comentarios y nos regalan este tipo de mensaje: “Me encantaría asistir... pero estoy lejos, un abrazo”. Los más detallistas dejan algo como: “Suerte con el concierto... ¡lástima que estoy ahora en Miami!”. Generalmente utilizan fotos de perfil que se reconozcan turísticas, como un horizonte naranja o un delfín. Recientemente confirmé mi asistencia a un evento en donde el 90% de los comentarios era de esta nueva secta de expresivos viajeros. Para pensar: en el evento, extrañamente, no había nadie.
 
2. Canta conmigo: Como una suerte de cancionero colectivo, esta situación se da cuando un personaje se anima a poner en su muro las primeras líneas de su canción favorita... y, acto seguido, aparecen como esporas una serie de amigos completando emocionadamente la letra en cuestión. Pronostico que esta moda será el reemplazo de la caduca guitarreada al atardecer entre amigos.

Podría seguir y seguir, pero mejor los invito a que se conecten a Facebook y vayan más allá del chat y las consultas a la galleta de la fortuna. Es más divertido e, incluso, puede ser que hasta educativo. Ahora sí me voy a trabajar. Espero.


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