Edición del VIERNES 2 de Octubre del 2009
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Matrimonios a la guayaca…
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No, no, no… No hay derecho que el “protocolo local” esté tan caduco. 

No hay derecho que me inviten a un matri a las nueve de la noche y al que, obligadamente, tengo que ir en vestido largo, sacar las joyas antiguas, ir a la pelu y pagar por un peinado que debe lucir ‘relajado y no tan peinado’, porque donde es muy ‘producido’ ya eso no está de moda. 

No hay derecho que como invitan a las nueve y la novia no puede quedar como desesperada, llegue recién a la iglesia a las nueve y veinticinco.  No hay derecho que somos tan estructuradamente católicos que ese amor no se puede sellar con una linda ceremonia en iglesia fina con pan de oro, sino que aparte debe incluir misa completa… oh si si… misa, damas y caballeros… con lecturas varias, los por mi culpas, y toda la parafernalia… no hay derecho que todos, los católicos, no católicos, los curuchupas, los excomulgados, los que se afiliaron a otra creencia, todos debamos presenciar la sesión de fotos, porque irse antes es malacrianza.

No hay derecho que al llegar al festejo se tenga  que subir estas escaleras con la alfombra roja de cinderella en una gran fila, porque hay que hacer el “saludo”… no hay derecho que el champán no lo sirvan hasta que termine el saludo y que la novia baile el vals… ¡el vals! ¡Ninguna novia lo sabe bailar! ¡Los novios menos! ¡Porque estamos en Guayaquil! En eso sí que apoyo a los gringos, que aunque se los califica de ser poco “classy” ellos bailan la canción que les gusta a los novios, con la que se sienten cómplices y no tienen que aprender a bailar dos días antes con la tía anciana que en su época moza estuvo unos días en Austria.

No hay derecho que para que sirvan la comida haya que esperar a después del vals y el champán… léase ya son cerca de la una de la mañana y la abuela de esa novia que tiene ya pasados los 80 esté famélica en un rincón sin haberse alimentado…

No hay derecho que la “banda” toque reggaetón y los 500 invitados con esmoquin y vestido largo crean que se los ve tan formales como ellos se vieron al salir de su casa, ahora ‘contorneándose’ en media pista con El amor de Tito el Bambino…

No hay derecho que sigamos haciendo estos festejos que terminan con ampolla en los pies de haberse aguantado los tacos por tantas horas y a la larga, ya en serio, en serio, lo divertido de la noche fue solo el momento en que el grupo de amigos se reunió cerca del bar y se tomó esos champanes mientras se festejan el uno al otro por el disfraz que lucen y recuerdan, en medio de harta chacotada, los días que esa novia o novio (dependiendo de cuáles son amigos) se mandó las grandes anécdotas que hoy en teoría se acaban… ¡no hay derecho!


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