Lo que une a los pueblos son los lazos que se crean a través del idioma, el arte, la literatura, las expresiones del sentir. A veces se producen fricciones, malentendidos, rivalidades, mas cuando existe un tronco común volvemos a la fuente entrañable de la hermandad. Tristán Bernard escribió una vez: “Inglaterra y Estados Unidos son dos países divididos por el mismo idioma”. Más allá del humorismo sarcástico estalla la verdad; estamos llamados a juntar en un solo frente a todas las naciones que comparten la misma lengua, en nuestro caso el castellano, resolviendo por vía diplomática nuestros diversos problemas.
Es lo que más pude palpar al visitar la Feria Gastronómica llamada Sabor 2009 Barranquilla con identidad Caribe. Frente a los diversos manjares fluía un espíritu de alegría, una simpatía mutua. Ver cocinar es identificarse con una cultura. Fueron más de sesenta exposiciones, muestras comerciales, conferencias, talleres, presencia en escena de destacados chefs, visitas de restaurantes, fiestas privadas. Al compartir durante cuatro días, mis impresiones con colegas periodistas de Perú, Santo Domingo, Argentina, Panamá, pude darme cuenta de que Barranquilla mostraba una increíble actividad en el ambiente del buen comer. Solo durante el año 2008 se abrieron cuarenta y cinco nuevos restaurantes de toda especialidad: colombiana, peruana, cantonesa, japonesa, cubana, internacional, escuelas de cocina, institutos técnicos.
El apoyo que da Colombia al turismo le permitió captar a 2.600.000 visitantes durante el año 2008. El sector gastronómico genera un millón de empleos. Gran parte de los visitantes llega a Bogotá, Cartagena, Cali, Medellín. Barranquilla se distingue por su apego a la cocina del Caribe. Para quien llega a esta ciudad se impone una visita al Museo del Caribe, donde se juntan la cultura, la música, los cuentos (la oralidad), la gastronomía, el mundo mágico de García Márquez. La perfección pedagógica respaldada por los medios audiovisuales es notable. Alumnos de colegios y escuelas llegan cada día. Pienso que es la mejor forma de fomentar desde la infancia un sano, auténtico nacionalismo: el orgullo de pertenecer a un país rico en tradiciones. Un país que reniega de sus raíces más profundas anda de cierta manera a la deriva.
Chorizos tableños, queso de cabra, versiones modernas de grandes clásicos como el patacón, el pollo en salsa de comino y curry, chancho de punta a rabo, tamales, corvina al ajillo, arroz con guandú nos hablaron de la cocina panameña. Aunque la sopa de guandú con carne salada evoca de inmediato Barranquilla. Juancho Ortiz, hombre extrovertido, alegre, conocido por su espacio ‘On TV’ en República Dominicana, me indica que allá preparan un guisado de guandú con leche de coco. Cocinó para nosotros en el Hotel Country, grabando al mismo tiempo uno de sus programas.
Pero es obvio que el plátano, el café, las hierbas frescas, el atún, frutas típicas de nuestros países, otras identificadas como curuba (taxo), corozo, llegan a ser ingredientes selectos para la elaboración de muchos platos. La carimañola, prima hermana del muchín, encantó mi paladar, así como una curiosa variación sobre el tema de la hayaca, plato completo con enorme cantidad de ingredientes. La Feria Gastronómica de Barranquilla nos une más allá de las fronteras. Los cinco sentidos en alerta frente a las ollas son siempre de buen augurio.