- SEP. 22, 2009 - Foto - Tiempo Libre - EL UNIVERSO
Francisco Echeverría (i), Fernando Alvarado y Ana Clara Nieto, durante el concierto del jueves en el auditorio Simón Bolívar.
En una época en que cada vez es más difícil “reconocer” con el oído la autenticidad del jazz, Francisco Echeverría es un referente infallable de este género. El concierto en el auditorio Simón Bolívar estuvo a cargo de Gerhard Cohen, amigo, ex músico y conocedor, quien, en forma de diálogo con Francisco y el público, permitió una familiaridad con Echeverría, quien entre otras cosas dijo que su relación con el jazz comenzó con el bossa nova. Quizá esto explica su afortunada afinidad con la estética que, aun manejando las necesarias disonancias modernas, le impide confundirlas con el ruido gratuito.
Y así despegó este recital de Francisco Echeverría y amigos. Con Raúl Molina en batería, (alternando con Marco Armijos), Fernando Alvarado en contrabajo y bajo eléctrico, Carlos Vera en guitarra y voz, José Miguel Vergara en saxo, Ana Clara Nieto en voz, Rodrigo Betancourt en violín y, por supuesto, la fluidez y precisión de Francisco en los teclados.
Haciendo straight away jazz, de un tempo muy rápido, con teclados entrando y saliendo, puntualizado por aplausos como mandan los cánones del jazz pasaron de Bebe a If I Should Lose You más lento pero igual, una modernización de swing jazz que destacó las virtudes de Fernando Alvarado, que cada vez toca mejor.
Haciendo un guiño a esas raíces musicales brasileñas de Francisco, Ana Clara Nieto cantó Chega y Mais que Nada refrescando el escenario con femineidad y buena voz. Su expresiva vocalización fue clave para cantar un clásico de blues-jazz como el inmortal Summertime, de George Gershwin que, o te luces o te hundes. Ana Clara hizo una hermosa versión que entusiasmó al segmento más conocedor del público.
Con el virtuosismo que caracteriza al intérprete clásico, tomó el escenario Rodrigo Betancourt a frentear la línea melódica de Cantaloupe Island del gigante Herbie Hancock para, con Fernando en contrabajo y Raúl tocando levemente platillos y bordes metálicos, ofrecer un jazz sinuoso, sutil y misterioso, quizá lo mejor del concierto.
A Night in Tunisia en modalidad de swing, con un violín alternando el protagonismo con Echeverría tomó un giro moderno y original que le hubiera gustado a Gillespie. Mientras Raulito usaba escobillas en batería, Carlos Vera llegaba al público tocando con ritmo y feelinga base de gran claridad en su digitación.
José Miguel Vergara, invitado a tocar saxo, se destacó haciendo La fiesta, de Chick Corea, manejando una leve cacofonía disonante muy bien ejecutada. Al interpretar Miles Davis en los últimos temas todos los invitados alternaron demostrando hasta el final una preparación impecable que confirma la habilidad y la seriedad de estos músicos.