Martes 15 de septiembre del 2009 Tiempo Libre

México busca brillar con récords Guinness

The New York Times

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MÉXICO. El pasado 29 de agosto, 12.937 mexicanos bailaron al son de Thriller, de Michael Jackson. Con esta actividad multitudinaria rompieron el Récord Guinness del mayor número de personas interpretando una coreografía.

Si los Récords Mundiales Guinness crean alguna vez la categoría del país más obsesionado con estar en su libro, México seguramente estará en la competición. Cuando agosto llegaba a su fin, miles de mexicanos bailaron al son de Thriller, de Michael Jackson, arañando el aire, agarrándose la entrepierna y marchando como zombis mientras los conducía Héctor Jackson, un imitador mexicano de Michael Jackson.

Una lluvia ligera no pudo detener el entusiasmo de los asistentes de todas las edades. Muchos llevaban anteojos oscuros de aviador y guantes blancos o salpicaduras de sangre falsa en la ropa.

Aun cuando los jueces todavía están revisando el asunto, al parecer está claro que México reunió suficientes bailarines de Thriller para superar el récord establecido el 24 de mayo por estudiantes universitarios de Virginia, Estados Unidos. De hecho, México arrasó con el viejo récord al reunir a 12.937 participantes oficiales en el monumento a la Revolución de la Ciudad de México.

“Esto nos coloca como una gran ciudad donde suceden cosas grandiosas”, dijo  Alejandro Rojas Díaz, el secretario de turismo de la Ciudad de México, quien organizó el acto. Asimismo, atrajo a más o menos 30.000 espectadores, muchos de los cuales también se movían al ritmo de la música.

Sí, los mexicanos toman muy en serio sus récords. Días después del acto de Thriller, mariachis se reunieron en Guadalajara, donde planificaron una masiva concurrencia para dar cabida a la música tradicional, con el fin de romper el récord de la mayor cantidad de mariachis reunidos en un solo lugar. En total, 549 músicos, entre  trompetistas, bajistas y violinistas, se presentaron en trajes y sombreros en el Festival Internacional del Mariachi, interpretando las clásicas Cielito lindo y Guadalajara.

En muchas formas, ha sido un año muy difícil para México, con el brote de influenza AH1N1, la crisis económica y la persistente violencia vinculada a los carteles de la droga del país. Sin embargo, ha sido uno bueno para los récords, desde la albóndiga más grande hasta el mayor festival del besuqueo, con muchos otros en medio.

El 1 de agosto, México ganó el récord por la pasarela más larga, cuando promotores de San Luis Potosí organizaron una exhibición en la que se presentaron 81 modelos, cada una de las cuales tuvo que pavonearse por los 1.320 metros, que sobrepasaron con mucho el récord anterior de 1.111 metros.

Días después, mientras las modelos probablemente se estaban recuperando todavía del recorrido –con tacones–, México hizo la albóndiga más grande del mundo, que pesó 49,4 kilogramos. Preparada por los chefs del Carlton Ritz, de Cancún, se suponía que la albóndiga serviría para promocionar una película basada en el libro infantil Nublado con posibilidades de albóndigas, sobre la ciudad mítica de Chewandswallow, donde hay asombro por toda la comida que llueve del cielo. Después de que se confirmó el récord de México, superando a una modesta albóndiga de 33 kilogramos, se les sirvió la gigantesca masa de carne a los espectadores.

Meses antes, en enero, el centro de la atención para romper un récord estaba en los postres. El chef Miguel Ángel Quezada y un equipo de otros 55, en la Ciudad de México, hicieron el pastel de queso más grande del mundo, para el que usaron casi una tonelada de queso crema y yogurt, 250 kilogramos de azúcar y 150 kilogramos de mantequilla. Se llevaron 60 horas para hacer la monstruosidad de casi dos toneladas, que se cortó en 20.000 rebanadas.

México también estableció un récord de besos este año, ya que unas 40.000 personas unieron los labios el Día del Amor y la Amistad en el Zócalo de la Ciudad de México, que resulta ser una de las plazas más grandes del mundo. Los besucones rompieron el récord británico de 32.648, invicto desde el 2007. Unos cuantos meses después, el Gobierno mexicano empezó a desalentar los besos entre las personas por temor a la propagación de la influenza AH1N1.

No todos los intentos de México por romper récords salen como se planearon. En enero, la Asociación Nacional de Matadores de México declaró que Michel Lagravere, un chico de 11 años conocido como Michelito, había establecido el récord de su edad por haber matado a la mayor cantidad de novillos en una corrida de dos horas. Fueron seis en total.

Sin embargo, Guinness se negó a reconocerlo en su sitio en la red: “No aceptamos récords basados en la matanza de animales o en infringirle daño alguno”. No obstante, Michelito estuvo desafiante y dijo en su voz aguda: “A mí me da lo mismo, porque en el mundo de la tauromaquia el récord ahora es parte de la historia, aunque no lo sea para Guinness”.

Ningún récord queda para siempre, claro. Manuel Uribe, un mexicano y el hombre más gordo del mundo en el 2006, bajó de 558 kilogramos a cerca de la mitad, y perdió el título. Les ha dicho a los reporteros que ahora espera retornar al libro de récords como la persona que ha perdido más peso.

Y algunos récords no son del tipo de los que un país necesariamente se sienta orgulloso de tener. La revista Forbes declaró que Joaquín Guzmán Loera, quien dirige uno de los carteles de la droga más violentos de México, es el narcotraficante más rico del mundo.

Fue el negocio prolífico de Guzmán y de otros narcotraficantes lo que llevó al Gobierno mexicano a establecer otro récord, el del mayor decomiso de cocaína en la historia. Se recuperaron cerca de 26 toneladas de la droga en noviembre del 2007, contenidas en 21.116 paquetes, en el puerto mexicano de Manzanillo.

Todavía son más los récords en Estados Unidos que en cualquier otro país, dijo un vocero de Guinness, pero México está tratando, en ocasiones con la participación del Gobierno. El baile Thriller empezó como un esfuerzo ciudadano en Facebook, pero pronto se le unió el Gobierno de la Ciudad de México, que proporcionó la publicidad, la seguridad y los baños. El frenesí de México por romper récords, dicen los analistas, refleja el deseo de un estatus de clase mundial, y su reconocimiento de que en muchos frentes todavía no llega a ello.

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