Sábado 12 de septiembre del 2009 Tiempo Libre

Moda ochentera: Lo pasado se vuelve a actualizar

THE NEW YORK TIMES

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Los encajes, pantalones “chicle” y botines eran el atuendo típico de la década de los ochenta.

¿Acaso es un eco cuando escucho a alguien decir que retornaron los ochenta? El invierno pasado, las pasarelas de Nueva York, París y Milán presagiaron el regreso a una época que algunos recordamos con poco cariño y muchos son demasiado jóvenes para recordarla.

Diseñadores tan dispares como Gucci, Givenchy, Ungaro, Gianfranco Ferre, Gareth Pugh, Proenza Schouler y Marc Jacobs empezaron a rendir homenaje sobre esa era cubierta por la noche, con exhibiciones de hombros grandes, saturadas de colores fluorescentes, peinados apretados, faldas de holanes, medias rotas de red, chompas muy grandes y mallas de metal. Ahora que esas cosas circulan en tiendas, los consumidores van por la retrospectiva.

“Cualquiera que haya estado en el negocio de la moda por más de cinco años podría sentirse como un hombre que se está ahogando y su vida pasa rápidamente frente a sus ojos”, escribió alguna vez Amy M. Spindler, quien fuera crítica de modas en el Times. Se refería a la forma perturbadoramente rápida en la que la moda recicla el pasado reciente.

“La gente adopta las cosas rápidamente”, manifestó Laura Wills, dueña del local de ropa de época Screaming Mimis. “En la tienda nos reímos y decimos: ¿Ya no habíamos trabajado los ochenta? ¿No tuvimos ese momento fosforescente hace cinco  años?”.

La verdad es que ya lo tuvimos. Tuvimos el retorno de flashdance cuando los diseñadores Roger Padilha y Jennifer Groves mostraron una colección en homenaje a los calentadores, flecos de gamuza y camisas con un hombro descubierto de Jennifer Beals. Tuvimos los guantes de encaje y el crucifijo de Madonna de Like a virgin, en todo tipo de iteraciones y diseñadores con muy poco en común, como Betsey Johnson y Jean Paul Gaultier. Tuvimos los pantalones de tiro amplio asociados a MC Hammer, interpretados desde el principio por Rick Owens, y luego por muchos imitadores.

Chioma Nnadi, editora de estilo de la revista Fader, dice que para las personas se trata de escapismo. Y no es incidental que se trate del humor que se debe derivar en los tiempos difíciles a partir de despreciar las constricciones del gusto seguro y aprobado. “Una cierta cantidad de lo que se está reviviendo es bastante cursi”, agregó.

En cierta forma, el resurgimiento de los ochenta es una oportunidad para que una nueva cosecha de diseñadores encuentre en esa década discutible una veta madre de ironía lista para ser extraída. Dallas, Cabbage patch kidsThe Cosby show y la princesa Diana debutaron en los esta década. Así lo hizo, en un sentido indeleble de cultura pop, Brooke Shields con su frase: “Nada se interpone entre mis Calvins y yo”.

Michael Jackson fue sin duda el fenómeno más irresistible de la cultura pop que surgió, así que es lógico que los primeros adoptantes de la moda probaran su guardarropa Thriller antes de su muerte. “Ya hace tiempo que todo mundo se siente Thriller”, dijo Wills sobre Screaming Mimis. “Ya hemos visto en la moda a las chompas de piel con estoperoles”. Y cuando llegue el otoño, agregó, eso es lo que todo el mundo estará buscando.

En Nueva York, la interpretación más reciente de los ochenta podría no ser del todo reconocible. Uno podría preguntar: ¿dónde están los artistas con estilo neobeat, como el cineasta Eric Mitchell o los músicos como Arto Lindsay y Lydia Lunch? ¿O la descendencia elegante con camisas a cuadros de los activistas de grupos como Act Up y Queer Nation? ¿Dónde están las minifaldas y medias rotas de red de las feministas radicales con máscaras de gorilas que se llamaban “chicas guerrilleras”?.

Estantes deslumbrantes con lentejuelas y oropel que ofrecen los detallistas para las masas como Topshop dan pocos indicios de que los ochenta hayan producido algo más estilísticamente radical que los hombros de Joan Collins o más rebeldes que los Cars.

Como señala el diseñador Keanan Duffty en un libro nuevo: Rebel rebel: Anti-style (Rebelde, rebelde: el antiestilo), esta también fue la década en la que el artista del performance Leigh Bowery primero dejó su huella al usar trajes escandalosos, en ocasiones sostenidos con imperdibles que perforaban sus mejillas; cuando Vivienne Westwood presentó su colección de piratas, que se ha multiplicado en un millón de imitaciones de Barba Negra, y cuando Boy George primero se presentó en el horizonte de la cultura pop con sus provocaciones de género y labios de muñeco Kewpie.
“La gente no se acuerda cuán extremas” eran las personas como Boy George y Leigh Bowery, dijo Duffty.

Lo que falta en el actual resurgimiento es “esa lucha por el estatus de forastero, ese sentido de: no me importa”, agregó. Sin embargo, en cierto sentido, el aspecto nostálgico más reconocible de otro resurgimiento de los ochenta es que delata la añoranza por una época en la que no solo era posible sino deseable despreciar las convenciones, y ser –como Kim Hastreiter, el editor de la revista Paper, sugirió– la aristocrática princesa alemana Gloria von Thurn und Taxis que bailaba sobre la barra del Club Mudd con un vestido de alta costura de Christian Lacroix.

“Cuando hacen referencia a los ochenta, los diseñadores pueden referirse a toda esa exuberancia, ese jugueteo inapropiado”, dijo el diseñador Rick Owens, la semana pasada, por teléfono, desde la ciudad francesa junto al mar donde Proust pasaba los veranos. Fue una de las últimas épocas, quizás la última, dijo Owens, en la que personas creativas “se sintieron libres para ser extravagantes”, para satisfacer los excesos.

Es difícil realizar la ostentación extravagante y el libertinaje cuando cerca de 10 por ciento de la población está desempleada. Es riesgoso que lo vean a uno apresurándose precipitadamente a todas las fiestas de mañana, cuando no queda dinero en el banco.

No obstante, como sugirió Owens, los tiempos difíciles todavía podrían resultar buenos para la creatividad. “Ese estallido creativo de los ochenta fue resultado de finales de los 1970, y muchas cosas salieron mal durante y después de ese punto máximo”, señaló en un correo electrónico posterior.

“A todo el mundo le encanta el glamour”, escribió, “cuando hay algún pequeño desastre involucrado”.

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