Martes 08 de septiembre del 2009 Arte y cultura

El mito de Clarice Lispector surge tan imponente como sus novelas

THE NEW YORK TIMES

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Clarice Lispector es considerada una de las más importantes escritoras brasileñas del siglo XX. Aunque su especialidad ha sido el relato, dejó un legado importante en novelas, como La pasión según G.H. y La hora de la estrella.

Se conoce poco a la vanguardista escritora brasileña Clarice Lispector (1920-1977) en Estados Unidos, donde se han traducido solo un puñado de sus muchos libros, pero en su país es realeza literaria: arde en la memoria colectiva como una flama eterna ligeramente siniestra.

El rostro de Lispector mira fijamente desde los timbres postales brasileños y su nombre adorna lujosos condominios.

Se han escrito incontables libros sobre ella en Brasil, y docenas de interpretaciones teatrales se han basado en su obra. Se pueden comprar sus libros en máquinas expendedoras en el metro.

“Su nombre es suficiente para que los brasileños cultos la identifiquen”, escribe Benjamin Moser en Why This World: A Biography of Clarice Lispector (Por qué este mundo: una biografía de Clarice Lispector, Oxford University Press).

El mito de Lispector surge tan imponente como cualquier cosa que haya escrito. Su nombre poco común hizo que sonara como una espía. Sus ojos verdes y almendrados, y sus pómulos pronunciados hicieron que las personas la compararan con una loba o una pantera.

Para el traductor Gregory Rabassa, Lispector “se parecía a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf”.

Debido a que Lispector rehuía ser el centro de atención, y debido a que se casó con un diplomático a los 22 años y pasó casi dos décadas fuera de Brasil “surgieron rumores para llenar el vacío”. Algunos pensaron que era un hombre que escribía bajo un seudónimo. Su interés por lo oculto (tuvo toda su vida el hábito de consultar astrólogos y cartomancianas) llevó a la gente a referirse a ella como “la gran bruja de la literatura brasileña”.

Mucho después se quemó una mano durante un incendio en un departamento, y le quedó como si fuera garra negra.

La literatura de Lispector es tan poco convencional como lo fue ella. Sus novelas y cuentos carecen de tramas fácilmente discernibles, y están relacionados entre sí en un lenguaje impresionista y emotivo.

Tienen una cualidad interior encantada que va a contrapelo de la literatura brasileña contemporánea.

La poeta Elizabeth Bishop, quien tradujo unos cuantos cuentos de Lispector, escribió a unas amistades: “¡Creo que es mejor que J. L. Borges; quien es bueno, pero no tanto!”.

Este es un material biográfico rico que solo se enriquece a medida que Moser, un traductor y crítico literario de la revista Harpers, empieza a pelar las capas de su complicada vida. Why This World jala al extraño vórtice de su tema; bueno, por largos periodos.

Clarice Lispector nació en Ucrania, de padres judíos. Su nombre era Chaya Pinkhasovna Lispector. Su familia huyó de los pogromos en Rusia al paso de la Primera Guerra Mundial, cuando Clarice era una niña. Tuvieron suerte de poder escapar, pero no ilesos. Unos soldados rusos violaron a su madre y la contagiaron de sífilis.

La familia emigró a Recife, una ciudad en el noreste de Brasil. Cuando Lispector tenía 9 años, la madre murió a causa de la sífilis. El padre las crió a ella y a sus dos hermanas, que al final mudó a la familia a Río de Janeiro. Fue una buena persona e inteligente, con ningún talento para ganarse la vida. Ganaba dinero vendiendo baratijas en la calle, y haciendo y vendiendo jabón.

A los 13 años, después de leer la novela El lobo estepario de Hermann Hesse, Lispector decidió que quería ser escritora. Después de titularse de una prestigiosa escuela de Derecho, trabajó como periodista y empezó a publicar cuentos en pequeñas revistas.

Su primera novela, Cerca del corazón salvaje, se publicó en 1943 y se convirtió en una sensación crítica. Un crítico la calificó de “la novela más grandiosa que haya escrito alguna vez una mujer en lengua portuguesa”. El estilo de monólogo interior de la novela llevó a los críticos a comparar a Lispector con Joyce y Woolf, escritores a los que no había leído todavía.

Cerca del corazón salvaje fue, en parte, un reclamo fracturado contra el matrimonio. Después de tu boda, dice uno de sus personajes femeninos, “todo lo que puedes hacer es esperar la muerte”. Sin embargo, para cuando salió la novela, la propia Lispector ya se había casado con Maury Gurgel Valente, un joven diplomático brasileño. Sus nombramientos los llevarían, con sus dos hijos que llegaron después, a recorrer el mundo en las siguientes dos décadas, a Nápoles, Berna y Washington.

Según Lispector, estar alejada de Brasil fue una especie de muerte. Para ella, desempeñar el papel de esposa de un diplomático no fue nada fácil; lo consideraba un tipo de domesticación por la fuerza. Sus cartas están llenas de reclamos.

“Esta Suiza es un cementerio de sensaciones”, escribió. La gente es demasiado tranquila y ríe poco. Soy la única que ríe”. En Washington  se rebeló decorando el árbol de Navidad con adornos extraños en negro, marrón y gris.

En 1959 se separó de su marido y se mudó con sus dos hijos de vuelta a Río, donde viviría el resto de su vida. Siguió escribiendo narrativa –al momento de su muerte, había escrito 20 libros, incluidos novelas, volúmenes de cuentos y unos cuantos para niños– y empezó una popular serie de columnas en el Jornal do Brasil, un importante diario de ese país.

Necesitaba dinero y también tomó trabajos esporádicos para sobrevivir.
 Bajo un pseudónimo escribió una columna de consejos, secretamente suscrita por la compañía de cremas faciales Ponds, y, en ocasiones, usaba textualmente los materiales informativos de la compañía. Tradujo muchos libros, a veces en forma descuidada.

Al marchitarse su belleza, la vanidosa Lispector se volvió cada vez más solitaria y demandante. Adicta a los cigarrillos y a las pastillas para dormir, mostró un comportamiento errático e imperioso.

Podía llamar a sus amistades a medianoche y huir de cenas por razones poco evidentes. Tenía fama de ser una mentirosa. En cuanto a ser su amiga, una mujer dijo: “Nadie puede aguantarla mucho tiempo”.

En entrevistas y en su literatura intensificó demasiado su propia leyenda en formas que la hicieron verse ridícula. “Soy toda de ustedes mismos”, dijo.
También: “No haber nacido como un animal es una de mis nostalgias secretas. Quizá se debe a que soy Sagitario, mitad bestia”. Sobre un viaje para ver a la Esfinge, manifestó: “Veré quién devora a quién”.

En ocasiones, Moser también exagera bastante. Escribe que la obra de Lispector es “quizá la autobiografía espiritual más grandiosa del siglo XX”. Indica que ella tuvo “una de las carreras más extraordinarias de la literatura del siglo XX”. Califica a su novela La pasión según GH como “una de las novelas más grandiosas del siglo XX”.

Sin embargo, un biógrafo necesita su entusiasmo en la misma forma que un motor caliente necesita aceite.

Moser, en su mayor parte, es un guía de turistas lúcido y docto, y su libro es una introducción fascinante y bien recibida a una escritora cuya mejor obra debería conocerse mejor en Estados Unidos.

Si Clarice Lispector, quien murió de cáncer ovárico en 1977, sigue estando tentadoramente fuera del alcance al final de Why This World, no es debido a alguna falla del aplicado Moser Como escribió alguna vez la misma Lispector: “Soy tan misteriosa que ni siquiera yo me entiendo”.

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