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Edición del DOMINGO 2 de Agosto del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Añorando lo imposible, historias de amor en silencio
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Seda: delicadas texturas y pasiones escondidas. Michael Pitt y Keira Knightley.
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

Seda intenta algo extremadamente complejo: crear las imágenes de una historia que sucede dentro de los sentimientos del protagonista.

Al director canadiense Francois Girard le atraen las historias de seres obsesivos. Su innovadora 32 cortometrajes sobre Glenn Gould (1993) es recordada más que nada por las numerosas aristas que nos hacen vislumbrar los ambiguos aspectos de la personalidad de un pianista genial cuya vida parece reflejarse en un caleidoscopio sin fin, donde finalmente el protagonista se convierte en un diminuto punto semejante a esas notas de las sonatas de Bach que a su vez parecen englobar toda una vida.

Así llegamos ahora al tardío estreno de Seda (2007), versión cinematográfica de una novela admirable del escritor italiano Alessandro Baricco. Por aquí –en nuestras nefastas "traducciones" latinoamericanas– llega con el nombre de Retrato de amor. El librito de Baricco es un prodigio de sutiles maravillas, donde la narrativa se logra de la misma manera como se teje la seda, motivación esencial de la comunidad que rodea al protagonista, un joven francés del siglo XIX en un pueblito francés donde la supervivencia parece depender de la manufactura de esas delicadas texturas.
 
Así Hervé (Michael Pitt) deja a su adorable esposa Helene (Keira Knightley) para un largo viaje a Japón en busca de los preciados huevitos de los gusanos de la seda, tesoro diminuto que  lo enfrenta a una cultura milenaria y al descubrimiento de una joven china (Sei Ashina), concubina del amo y señor de las tierras donde existen los criaderos.

Hervé regresa a su hogar, pero su alma ha sido infiltrada por hilos invisibles que se aferran a su espíritu como tentáculos y que lo motivan a retornar.
 
En las líricas imágenes recreadas por Girard, la intención es que sus protagonistas den paso a una iconografía invisible maravillosamente detectada en el libro. Las pasiones de los seres humanos son inconmensurables y evanescentes por igual. Hervé se acerca a estos secretos solo al final, cuando la tragedia llega a su vida y el legado de la verdad –siempre sumergida en apariencias cotidianas y relaciones que lucen intrascendentes– es lo que los seres humanos evitan. Cuando ese acercamiento se da, la vida real comienza. Como un renacer.
 
Baricco logra plasmar estos sentimientos plenamente en sus páginas. Girard, sus actores y sus bellas imágenes se quedan a medio camino, por aquello de que “lo esencial es invisible a los ojos”. Pero vean esta película. Y lean el libro.

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