Vivía en Londres, admiraba fervientemente la Revolución Cubana y pronto debía viajar a Caracas para recibir el Premio Rómulo Gallegos que acababa de ganar por su novela La casa verde.
Un día recibió la visita del escritor y diplomático cubano Alejo Carpentier, quien vivía en París, y que previamente lo había llamado por teléfono para concertar una cita. Le llevó (pero solo se la leyó, no se la entregó para que no quedaran pruebas, intuye Vargas Llosa) una carta de Haydé Santamaría, fundadora de Casa de las Américas, en la que le decía que este premio le daba una oportunidad de hacer un gran gesto a favor de la revolución en América Latina: consistía en donar al Che Guevara los 25.000 dólares que recibiría del galardón y que eso tendría una amplia repercusión. Le decía también que ellos comprendían que un escritor tiene necesidades y que él no se vería perjudicado, “porque la revolución le devolverá a usted el dinero discretamente, sin que esto se sepa”.
Vargas Llosa le espetó a Carpentier: “¿Cómo puede Haydé hacerme una propuesta semejante? Si a mí me dice ‘dónenos usted el premio’, yo sabré si lo dono o no. Pero que no me digan haga la farsa de donar el premio, porque usted no perderá nada, se va a quedar con la plata. Esta no es la manera de tratar a un escritor que tiene respeto por su trabajo”.
El joven escritor no cortó su relación con Cuba de inmediato, pero este episodio fue el comienzo de su decepción del sistema al que de manera tan entusiasta se había adherido tempranamente, incluso antes que García Márquez. La ruptura vino luego, con el caso del escritor cubano Heberto Padilla, que fue encarcelado en 1971, acusado de contrarrevolucionario, suceso que tuvo una repercusión continental.
Hechos de este talante se cuentan en el libro De Gabo a Mario, de la autoría de dos investigadores españoles: Ángel Esteban y Ana Gallegos Cuiñas. Es una obra de reciente publicación, de 317 páginas, que circula bajo el sello Espasa. Es una mirada a lo que fue el boom de la literatura latinoamericana, que los autores califican como un equivalente del Renacimiento europeo en América Latina, en la segunda mitad del siglo XX, y como el hecho que finalmente posicionó a la literatura de este continente en el panorama mundial. Se detienen en Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, a quienes llaman El Poeta y El Arquitecto y que son, a su decir, los fundadores de esta nueva estirpe de narradores en español.
Esta obra es deliciosa, porque permite conocer los entretelones de un movimiento y de unos autores que han marcado a la literatura, a tal punto de que en la historia de las letras latinoamericanas se habla de un posboom. De un antes y un después. Nos permite adentrarnos también en la ideología y en la forma de encarar la literatura de estos dos patriarcas de las letras, que ahora parecen diametralmente opuestos (Gabo izquierdista y Mario de derecha), pero que en su juventud compartieron amistad, ideales, tuvieron la intención de escribir una novela cuatro manos, cuyo telón de fondo sería la historia de Perú y Colombia (que nunca se concretó), e incluso se hicieron compadres. Gabriel García Márquez es el padrino del segundo hijo de Mario Vargas Llosa, que se llama Gabriel Rodrigo Gonzalo, bautizado así en honor a Gabo y a los dos hijos de este.
El libro ubica a 1967 como un año fundamental para las letras hispanas: Gabriel García Márquez publica su monumental Cien años de soledad y Mario Vargas Llosa gana el Premio Rómulo Gallegos. Y ambos se conocen personalmente en la ceremonia de entrega del galardón –se habían contactado ya a través de cartas– e inician una gran amistad, basada en la admiración mutua por sus obras, que lleva incluso a que Vargas Llosa escriba su tesis doctoral sobre García Márquez y Cien años de soledad. Esta amistad se interrumpió diez años después. La ruptura dura hasta hoy y los motivos siguen siendo un misterio.
De Gabo a Mario es un libro escrito de una manera fresca, en la que se juega con títulos de libros, con personajes, con poemas e incluso con canciones de la época. Y se insertan fragmentos de las cartas que entonces intercambiaban los autores del boom, lo que aporta veracidad histórica. Por estas páginas desfilan también Carlos Fuentes, Julio Cortázar, José Donoso y otros. Y se destaca una premisa que a pesar de sus diferencias Gabo y Mario comparten: que al momento de crear, el escritor debe dejarse llevar más que por sus convicciones, por sus obsesiones. Libro recomendado y ojalá lo disfruten tanto como yo.