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Edición del DOMINGO 2 de Agosto del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Sociedad 
Sonría y no diga nada (de photoshop)
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Las actrices Charlotte Rampling (foto) y Sophie Marceau fotografiadas sin maquillaje para la revista Elle en abril del 2009.
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Texto: Eric Wilson (The New York Times)

La mayoría de los lectores de revistas de moda están conscientes de que todas las fotografías, al menos en cierta medida, mienten.

Con mucha frecuencia, las imágenes han sido alteradas; históricamente con trucos meticulosos de iluminación y exposición y, más recientemente, con software de retoques que pueden hacer a las celebridades y modelos lucir más delgados, más altos, sin manchas, con ojos más brillantes y dientes más blancos. Aparentemente perfectos.

Nadie puede argumentar razonablemente que la piel de Gwyneth Paltrow esté realmente hecha de Silly Putty, como pareció en la portada de Vogue de mayo del 2008, o que el cuerpo de Jessica Simpson tenga una sola cadera, aunque la izquierda le faltaba sospechosamente en la portada de septiembre pasado de Elle, o preguntarse cómo la forma de la barbilla, hoyuelos y color de ojos de Reese Witherspoon pudieran cambiar tan drásticamente de su angelical apariencia en Marie Claire en febrero del 2008 a su pulida portada de Vogue en noviembre y su pose coqueta en Elle este abril.

Algunos blogs populares han convertido en un deporte identificar casos notables de abuso del Photoshop, pero el grado al cual se hacen los cambios rara vez se revela (y regularmente solo cuando una revista es atrapada). Pero a medida que el retoque se ha vuelto más flagrante y estrafalario, en ocasiones resultando en cuerpos que desafían los límites naturales de la anatomía humana, un debate sobre la manipulación de fotos se ha extendido a la opinión pública con Lindbergh, uno de los hacedores de imagen más famosos del mundo, encabezando la carga contra la práctica.

“Mi sentir es que desde hace años se ha apoderado de una parte demasiado grande de cómo las mujeres son definidas visualmente en la actualidad. El retoque cruel no debería ser la herramienta elegida para representar a las mujeres al inicio de este siglo”, dijo Lindbergh.

En abril, Lindbergh creó una serie de portadas para la edición francesa de Elle que mostraban a estrellas como Monica Belluci, Eva Herzigoca y Sophie Marceau sin maquillaje ni retoques. El asunto tocó un nervio sensible entre las lectoras en Francia, donde funcionarios de salud ya estaban haciendo campaña a favor de una medida para forzar a las revistas a señalar cuándo y cómo las imágenes son alteradas. Pero editores de publicaciones estadounidenses, que el año pasado se resistieron a esa propuesta dentro de su grupo comercial, la Asociación Estadounidense de Editores de Revistas, también han señalado una reacción negativa contra las imágenes que parecen manipuladas para impulsar un estándar idealizado de belleza.

Ahora parece fresco, incluso digno de aclamación, cuando una revista presenta una imagen sin barnizar. En abril, por ejemplo, un número de Life & Style adoptó la inusual medida de declarar que una fotografía de portada de Kim Kardashian estaba “cien por ciento libre de retoques”, como si hiciera un grandioso servicio a la causa del periodismo de las seudocelebridades. Y People, en su número de 100 Más Hermosas, incluyó imágenes de once celebridades “sin usar más que humectante”.

“Las revistas de moda siempre giran en torno de algún elemento de fantasía”, dijo Cindi Leive, la editora de Glamour, “pero lo que estoy escuchando de los lectores últimamente es que en la moda, como en todas las demás partes de nuestras vidas ahora, hay un anhelo por la autenticidad. El artificio, en general, se siente como algo de hace cinco años”.

Extrañamente, también este debate. Fue en el 2003 cuando surgió una de las más famosas controversias sobre retoques, cuando Kate Winslet afirmó que la edición británica de GQ había alterado excesivamente una fotografía suya para hacerla lucir delgada. Ese episodio fue seguido por muchos más, incluidos los bíceps agrandados de Andy Roddick en la portada de Mens Fitness. Glamour, también, ha enfrentado acusaciones de manipulación de fotos, incluida una denuncia, que la revista negó, de que redujo digitalmente a la actriz América Ferrera para que las lectoras adelgazaran.

Y, sin embargo, un movimiento de celebridades al natural ha sido lento en surgir. Eso quizá sea porque, como dijeron varios editores en privado, los publicistas de las celebridades casi siempre demandan retocar las arrugas y la celulitis visibles. Como resultado, una celebridad puede lucir diferente de una revista a otra.

A principios de los noventa, cuando entraron en uso los primeros programas para la manipulación digital, algunos directores de arte empezaron a explorar el potencial para crear imágenes con una sensación realzada de la realidad, de hecho como una reacción contra las imágenes prevalecientes de las supermodelos que parecían demasiado perfectas.

Indudablemente, las fotografías más convincentes son las que muestran al personaje real, dijo Dennis Freedman, director creativo de W, una revista que intencionalmente incluye fotografías de ambos extremos: los retratos patentemente sin retoque de Juergen Teller en un lado y el trabajo digitalmente estilizado de Mert Alas y Marcus Piggott en el otro.

Sin embargo, él cuestiona si habrá un cambio notable como resultado de la atención de los medios que dan seguimiento a las portadas de Lindbergh en la edición francesa de Elle.

Las revistas de moda, en cierto grado, prosperan como un escape de la realidad, una ventana hacia algo que existe fuera de los estragos del tiempo.


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