Además de ser una ciudad con una naturaleza privilegiada, La Habana está detenida en el tiempo y guarda todo el misterio y fascinación de los sitios con historia”, indica la cantante guayaquileña Mireya Levi sobre ese destino que visitó en el 2004 y en el 2008, cuando representó al Ecuador en el Festival Boleros de Oro.
“Aproveché para visitar a mis amigos cantantes con quienes he compartido escenario. Por ejemplo, con Mundito Gonzales y Raquel Hernández hice una gira de cinco meses por Colombia y Panamá. Ellos me invitaron a cantar al famoso piano-bar El Gato Tuerto, en el malecón, y a Dos Gardenias, el más conocido show room de boleros, situado en el hermoso barrio de Miramar”, recuerda.
Sentarse en una de las mesas de Dos Gardenias tomando un mojito cubano y escuchando boleros es la sensación más memorable para Mireya. “Los guayaquileños que gustamos del bolero debemos darnos un tiempo para disfrutar de la música en ese sitio tan tradicional”, indica la artista, quien destaca que un bolero es como la vida, “cada canción está llena de las sensaciones que vivimos”.
Su hotel favorito en La Habana es El Nacional, en el barrio El Vedado. “Algo impactante me encontré allí: existe una construcción que se llama La Casa de las Novias, en donde se ofician los matrimonios. Lo curioso es que es exactamente igual a la casa de mis abuelos: La Quinta Piedad, que estaba en Tomás Martínez y Rocafuerte; es igual hasta en los más pequeños detalles”, señala la cantante, quien considera que caminar por La Habana es como hacerlo en el Guayaquil de antaño, “la gente es afable y sonríe al caminar, en cada parque y cada teatro hay un evento que convoca mucho público”, concluye la artista, que se presentará el jueves en el teatro Fedenador con los hermanos Miño Naranjo para cantar boleros y pasillos.