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Edición del DOMINGO 26 de Julio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El rugir de Iguazú
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El mundo rinde un tributo a las cascadas en la frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. Iguazú sigue en carrera en el concurso de New Seven Wonders.

Solo en este lugar, Dios nos perdone, le rendiremos tributo al diablo. Particularmente a su Garganta. ¿Cómo canta el demonio en Iguazú? Pues con el rugir intenso de sus aguas que inunda los oídos y levanta una densa nube de rocío que acaricia la piel, mientras los arco iris formados con la bruma  y el sol se dibujan en los ojos que, por cierto, también se impactan por el verde de la selva, el azul del cielo y el blanco impecable de la espuma asomada en los saltos.

Garganta del Diablo se llama el principal atractivo del Parque Nacional Iguazú. Es la unión de saltos imponentes de más de 150 metros de longitud con una caída de 80 metros en forma de herradura.

Este espectáculo puede ser contemplado por los turistas que se asoman en los tres balcones en forma de abanico, desde donde también sorprenden los vencejos, especie de ave endémica (solo se encuentra en ese lugar) cuya potente visión le permite atravesar la cortina de agua de los saltos y anidar en las rocas que son el soporte geológico de las cascadas. ¡Increíble!

NO ES EL DIABLO, SINO DIOS
Este espectáculo único de la naturaleza, considerado como una maravilla del mundo, se originó hace unos 200 mil años en el sitio conocido como Hito de las Tres Fronteras (Argentina, Brasil y Paraguay), donde confluyen los ríos Iguazú y Paraná. Una falla geológica producida en el cauce del río Paraná hizo que la desembocadura del río Iguazú quedara convertida en una abrupta cascada hoy convertida en el atractivo natural más imponente de Argentina.

Solo la creación divina pudo haber concebido esos dos grandes arcos sinuosos de 2.700 metros de extensión, siendo el salto más imponente del conjunto la Garganta del Diablo, cuyos 80 metros de altura agitan el curso principal del río. Lo particularmente curioso es que según el caudal de las aguas, el visitante puede admirar en ese sitio entre 160 y 260 saltos, que en términos medios desalojan unos 1.500 metros cúbicos de agua por segundo.

Sin embargo, ese impresionante conjunto de saltos es solo una de las atracciones del Parque Nacional Iguazú, en donde se recomienda a los turistas visitar el Centro de Interpretación Yvyrá Retá, que en la lengua nativa guaraní significa “El país de los árboles”.

El Centro de Visitantes es el edificio más importante y ocupa aproximadamente una superficie cubierta de 870 metros cuadrados, donde se destaca una exhibición para que el público conozca y reflexione sobre diferentes temas, como aspectos generales del área, conceptos de su naturaleza como clima y geología, especies en peligro, problemas de conservación y la historia del lugar, entre otros.

Para hacer el recorrido por el área de las cataratas resulta imperdible el llamado Tren de la Selva, una vistosa locomotora inglesa impulsada a gas natural que brinda un viaje de media hora de duración a través de las estaciones Central, Cataratas y Garganta del Diablo.

TAMBIÉN A PIE
Las experiencias se complementan con los paseos por los senderos. Por ejemplo, el llamado sendero Verde es un antiguo camino de 600 metros de longitud que permite al visitante adentrarse en el corazón de la vegetación  hasta llegar, paso a paso, a la llamada plazoleta de distribución, donde los visitantes inician los circuitos Superior e Inferior.

En el recorrido se pueden apreciar aves, animales silvestres, los sonidos de la selva y la vegetación desbordante, paisajes que son un abreboca adecuado para, posteriormente, adentrarse en el circuito Superior. Este ofrece una caminata de 650 metros por el área superior de los saltos, para observar una vista panorámica del conjunto de las caídas de agua y del delta del río Iguazú. Seis amplios miradores y lugares de descanso convierten al paseo en una fuente de energía y relax al contacto con el agua.

Con una pasarela que se interna por debajo de los saltos, al corazón de las cataratas, el Circuito Inferior ofrece una experiencia íntima con el paisaje para “sentir” el espíritu de la selva: la humedad, los sonidos, los aromas, el vapor penetrante que se adueña de toda el área. Se trata de un recorrido circular de unos 1.700 metros por el que se accede a ocho miradores de gran atractivo.

Los miradores abundan en el área, porque vale “mirar”, sentir y sobrecogerse para rendirle tributo a la divina Iguazú. (M.P.)


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