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Tristes finales de dos charros inmortales
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Pedro I. y Jorge N. en una foto de la película Dos tipos de cuidado, expuesta en el Museo del Tequila, México.
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Texto: Vicente López

Estas dos grandes estrellas dejaron huellas imborrables en el cine mexicano. Y con su éxito multitudinario también vino la tragedia.

A propósito de los grandes artistas que dejan prematuramente de existir, el pasado abril falleció víctima de una enfermedad pulmonar el hijo primogénito de Pedro Infante, paradójicamente en el mismo mes que murió de manera trágica el gran actor,  en un accidente de aviación en 1957,   en la cúspide de su carrera artística.

Pedro Infante Cruz pertenece junto con Jorge Negrete a la época de oro del cine  mexicano, aquella que aún guardan en el corazón muchos que hoy pintan canas, y fueron célebres en el celuloide, aquellos estaban  identificados con la llamada charrería como un quehacer tradicional que aún hoy se cultiva  en muchas áreas del mundo azteca.

Infante y Negrete son los pilares legendarios de un grupo destacado de charros inmortales que surgieron hace poco más de medio siglo, entre los que aún se escuchan en cientos  de emisoras en el mundo, a cantantes consagrados por siempre en los mariachis como Javier Solís, Cuco Sánchez, Miguel Aceves Mejía, Antonio Aguilar, y a otros que  sobreviven en nuestros tiempos por el arte como Vicente Fernández y su hijo Alejandro Fernández, dueños de un nuevo repertorio  de la música.

FINAL TRÁGICO
Uno de los iniciadores del  estilo del bolero ranchero fue indiscutiblemente Pedro Infante, quien nació en Sinaloa, México, en 1917. Vivió una infancia muy pobre en Mazatlán, fue hijo del contrabajista de la banda musical del pueblo, quien  tuvo después un taller de carpintería, un trabajo que Pedro  convirtió en afición por el resto de su vida.

Infante desde temprana edad mostró talento para la música, estudió guitarra con el maestro Carlos R. Hubbard. Después de una novelesca vida llegó al Distrito Federal, donde dio voz a los temas de los compositores más importantes de la época como José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez, Tomás Méndez, el Chava Flores, entre otros, iniciado por el sello de  discos Perless.

Pedro Infante tuvo muchos hijos, entre los que destacó el  recién fallecido de su mismo nombre, aunque no con el suceso que logró su padre, mientras que de su relación con la actriz yucateca Irma  Dorantes nació Irma Infante, quien heredó sus condiciones en la actuación.

Cientos de canciones dejó Pedro para la posteridad, como la célebre Amorcito corazón, Flor sin retoño, La Calandria, La cama de piedra, Gavilán pollero, Angelitos negros, Bésame mucho, Senderito de amor, entre otras.

Pero si su canto es aún considerado entre los más recordados no solo en su país natal sino en el mundo entero, más fue su celebridad en las películas, hay decenas de ellas,  en las  que compartió el reparto  con consagradas del cine azteca como Sara García y Libertad Lamarque. En algunas interpretó al  humilde pero orgulloso Pedrito el Toro en Nosotros los pobres, actuó en El charro y la gaucha, Angelitos negros, entre otras tantas.

Se midió a otro inmortal de su tiempo, Jorge Negrete, con quien actuó en Dos tipos de cuidado, cinta en la que  ambos artistas  fallecidos de manera trágica se miden en coplas en las que juntaron lo mejor de sus voces.

Pedro Infante murió en 1953 cuando pilotaba un avión. Tenía apenas 36 años y su despedida fue una apoteosis. Se puede afirmar que es un ícono  en su  tierra, tan querido como lo es  Carlos Gardel en Argentina, y que sus canciones a pesar del paso del tiempo sobreviven  con su música en varios continentes, porque dicen que cada  vez ‘canta mejor’.

JORGE NEGRETE, EL RIVAL INSUPERABLE
Jorge Negrete es otro que pasó a la inmortalidad por su canto. Nació casi con el siglo  XX en Guanajuato y su padre fue   militar. Su voz ha pasado a la historia entre las mejores  del continente.

Fue multifacético, estudió medicina en  su juventud y dominaba varios idiomas: inglés, francés e italiano; aprendió por su propia cuenta los fundamentos del náhuatl, lengua antigua de la meseta central azteca.

Jorge fue militar y un aficionado a los caballos, aprendió a  montar a la perfección, habilidad de la cual hizo gala cuando interpretó al charro mexicano en el cine.

Estudió canto con el maestro José Pierson de la Ópera de México, junto con  Hugo Avendaño y el destacado Pedro Vargas.

Fue el maestro de la ranchería, inspirándose en las melodías de importantes compositores internacionales. Son recordadas sus entonaciones con Cocula, Yo soy mexicano, México  lindo y querido, La negra noche, El ahijado de la muerte, Fiesta mexicana, y con las nunca ponderadas interpretaciones en inglés  Begin the Begine (Comenzar el comienzo), Parece mentira, Noche playera, y muchas más.

Se casó en primera instancia con la actriz Gloria Marín, el más celebre romance fue su unión con la  ya legendaria  María Félix con quien rodó El peñón de las ánimas. También interpretó muchas cintas, entre estas, Camino de Guanajuato. Tuvo una hija, Diana.

La charrería es una manifestación cultural muy tradicional en el folclore mexicano. Destacan la cuerda, el baile de los caballos, que son previamente adiestrados, y expresan sus artes en círculos, muy parecido en nuestro país a la cultura montubia en los campos. De allí que Jorge Negrete fue el representante de la charrería. Con Pedro Infante se midió como artista y murió a los 42 años en Los Ángeles, Estados Unidos, víctima de una cirrosis hepática.


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