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Edición del DOMINGO 26 de Julio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Viaje al futuro del pasado
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Andrés Neuman
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Hernán Pérez Loose | hperez@ecua.net.ec

Los viajes ocupan una parte importante de nuestras vidas. La propia existencia humana puede ser vista y sentida como un viaje.

Un viaje que, a diferencia de otros, el arribo a su destino final nos causa sentimientos de angustia y desasosiego. Un sentimiento injustificado si pensamos que, después de todo, al punto al que vamos es el mismo punto del cual partimos.

La experiencia de viajar ha estado también imbricada en la literatura y en la vida de célebres pensadores. Una de las primeras obras literarias, y probablemente una de las más hermosas, narra precisamente un viaje. Se trata de ese viaje tormentos que, luego de la guerra de Troya, Ulises emprendió de regreso a su casa en Ítaca, y que fue inmortalizado por Homero en La Odisea.

Siglos más tarde, “un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” también resolvió salir de viaje. Pero a diferencia del Ulises de Homero, el viaje que emprende el Quijote de Cervantes no lo hace para llegar a algún sitio sino más bien para cumplir una misión como fue esa de dedicarse a deshacer agravios, enderezar tuertos, enmendar sin razones, mejorar abusos y satisfacer deudas.

Un viajero es también la figura central de El castillo, de Kafka, y a ella recurre, aunque con matices diferentes, Calvino en su novela Si una noche de invierno un viajero. Gracias a sus memorias y cartas son conocidos los profundos impactos espirituales que el tema provocó a escritores tan diversos como Goethe, Stendhal, Nietzsche y James en sus travesías por Europa.

Sobre esto último hay un curioso libro, que ojalá se traduzca un día al español, de la doctora Graziella Magherini, directora por años de la sección psiquiátrica del hospital Santa María Nuova de Florencia, y autora de varios ensayos. En su libro Magherini da cuenta del malestar psicológico que muchos viajeros de gran sensibilidad artística han sufrido y sufren al visitar esa ciudad. El nombre de este estudio (La síndrome de Stendhal. Edit. Ponte alle grazie. 2003) viene de la conocida crisis que precisamente sufrió el escritor francés al visitar Santa Croce.

El viaje como experiencia vital, y el viajero como su protagonista, subyacen también a lo largo del nuevo libro de Andrés Neuman (1977), El viajero del siglo, novela que recibió el Premio Alfaguara de este año.

El héroe de la novela, que lleva Hans por nombre, se detiene una tarde en Wanderburgo, una ciudad (inventada, por cierto) que estaría a medio camino entre Prusia y Sajonia. Es una ciudad laberíntica, de la que Hans no puede salir fácilmente. Y cuando está a punto de lograrlo un extraño personaje, sin embargo, se lo impide. Algo que cambiará para siempre el destino de Hans.

Aunque los planes de Hans habían sido los de simplemente pernoctar una noche en Wanderburgo, su estancia allí comienza a alargarse cada vez más, al punto de parecer indefinida. En este tiempo Hans tendrá experiencias con el amor, los libros y sobre todo con las ideas de una Europa ansiosa por ponerle fin a la crisis que generó la Revolución Francesa.

El lector podrá reconocer que, en efecto, la trama corre por los años de la Europa de la Restauración, cuando el espacio cultural y geográfico que luego será la Alemania de hoy, trataba de ordenar su escenario social y político luego de terminadas las guerras napoleónicas.

Pero lo que hace fascinante a la novela es que siendo enmarcada en el siglo XIX, los temas que emergen en ella son propios de los del siglo XXI: el multiculturalismo, la revolución femenina, el nacionalismo, los extranjeros y otros similares. Así como la forma como se los pretendió entonces y se los pretende ahora abordar.

Como ha dicho el propio autor es “una novela futurista que sucede en el pasado”. Sin embargo, el encuentro de estos mundos es también un encuentro entre dos estilos narrativos diferentes, el que conocemos como propio de la novela clásica y el de la posmodernidad. Un encuentro que Neuman lo logra con enorme éxito a lo largo de esta novela que aunque es un poco larga su lectura es muy recomendable.

Andrés Neuman nació en Argentina. Hijo de músicos emigrantes, terminó de criarse en Granada, donde enseñó literatura hispanoamericana. Sus otras novelas son Bariloche (Anagrama. 1999), La vida en las ventanas (Espasa. 2002) y Una vez Argentina (Anagrama. 2003), obras muy interesantes que también recomendamos.


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