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| Jean Baudrillard, internet ¿invivible para el hombre? |
Texto: Katherine Villavicencio
Todo se simplificó con el clic de un mouse y el ingreso a un buscador conectado al mundo; la comunicación, la información y el intercambio cultural son posibles en solo minutos, pero la vida ¿se facilitó o se volvió más complicada? El internet marcó el fin de una era, pero también el comienzo de otra marcada por la tecnología, la modernidad, el estrés y la realidad virtual.
“Internet crea un nuevo mundo, invivible para el hombre, que es incapaz de soportar toda la responsabilidad de la información que recibe”. Hace 10 años, Jean Baudrillard, hacía una reflexión sobre el cambio de milenio que hoy suena más a un presagio.
El internet, esa inmensa red a través de la cual miles leen hoy este artículo, se volvió parte inherente de la vida. Está ahí como una prenda de vestir de uso diario, como una extremidad necesaria para –de un solo clic– enlazarse al mundo o al mismo tiempo desconectarse de él.
Este sociólogo, filósofo, escritor y experto en temas de comunicación decía antes del 2000 que la red “es una catástrofe” porque se ha convertido en un mundo sin origen ni final. Con una alerta adicional: puede producir una saturación informativa que, duda, los hombres puedan asumir.
¿Es en realidad tan catastrófico? Omar, un operador de páginas web de 31 años, reconoce que el internet es un mundo virtual en el que no hay límites y en el que aún hay temas por descubrir. Se está empezando de a poco: hoy hay portales que permiten hacer las compras de la casa por la red, enviar un regalo o adquirir un nuevo vestido. Sin teléfonos, sin mensajeros, sin levantarse del escritorio ni tener que ir a un centro comercial.
Él mismo no se concibe sin internet. Lo necesita para la universidad, para el trabajo, para tomar contacto con los amigos. “A la larga estaremos más metidos en un computador porque de ahí puedes ver televisión, escuchar radio, saber de tus amigos”.
Alina, de 27 años, cree que es una herramienta que ofrece facilidades para encontrar respuestas a casi todo lo que puedas imaginar: trabajo, salud, vivienda, economía, educación. Y de forma inmediata, más aún si cuentas con el servicio en tu celular. Sin embargo, cree nos estamos dejando consumir.
“Se han perdido elementos básicos, hace 10 años cuando no había tanta apertura del internet, teníamos que dirigirnos a hacer consultas en bibliotecas, leer el periódico, recurrir a los abuelos, a las fuentes directas y se mantenía ese contacto con la gente”.
La web simplificó procesos y dio ventajas a las sociedades marginadas de información académica, como Ecuador, opina Tina Zerega, asesora académica e investigadora de la Universidad Casa Grande. En ciudades donde conseguir determinada literatura es complicado, internet ofrece bibliotecas virtuales y la posibilidad de descargar libros enteros. Sin que esto implique dejar de lado nuevas ediciones, dice ella, porque en los últimos años los índices de publicación fueron altísimos.
Se trata más bien de una sociedad de la información, que no viene solo del internet. Está en todos lados. “Vemos publicidad hasta en el baño o llega al celular”.
Para ella, el problema está en el internet mal utilizado. Reconoce que puede contener datos irrelevantes, pero tal como se dan en los noticieros o en la prensa.
Matrix y la realidad virtual “Después de todo, el internet se volvió muy útil y necesario en nuestros días pero nos volvió seres fríos y cómodos con cierta dependencia de la imaginación y creación de otros que ya se nos habían adelantado”, considera Paúl, estudiante de leyes de 27 años.
Para él, la red sí marcó el fin de una era, de una época en la cual se hacían más esfuerzos manuales y había que ganarle al tiempo porque las máquinas parecían estar solo en los capítulos de ficción.
“No es un manifiesto contrario a la tecnología, de hecho estoy usando parte de ella, pero sería interesante que no olvidemos que las mejores cartas de amor y los mejores libros nacieron de una idea, un lápiz y un papel”.
El internet perjudicó las relaciones interpersonales, dice Elisa, 30 años. “Ya no hay la llamada a casa, la visita sorpresa, las cartas de amor. Solo el mensaje de texto, por messenger o e-mail”. Alina dice que hasta compraba cartulina para hacer tarjetas, hoy llegan por e-mail y animadas. La diferencia es que no se guardan en la caja de recuerdos sino en el CPU del computador.
“Se han simplificado y las relaciones interpersonales no pueden ser simplificadas, es un compromiso con amigos, con la pareja, la familia”, dice la psiquiatra Rocío Álvarez. De ahí surge esa avalancha de novios por internet, una fantasía virtual que empieza envuelta en corazones y muchas veces no soporta la vida real: la convivencia.
¿Llegaremos a vivir una realidad virtual como Matrix? Inspirada libremente en las teorías de Baudrillard, la película plantea la esclavitud humana por parte de las máquinas y las inteligencias artificiales creadas. La gente tiene sus mentes conectadas a una simulación social que representa el final del siglo XX y que abre el debate sobre si el mundo que nos rodea es real o ficticio.
A ratos es posible caer en una adicción o en una realidad virtual, dice la psiquiatra, si la persona no ha desarrollado un mecanismo de control de impulsos. Lo vivió de cerca con una paciente que se volvió dependiente de un juego de internet de venta de casas y muebles. “Ella robaba tiempo de su familia para ponerse a jugar comprando cosas para su casa virtual y así venderla. Es una muestra de que podemos vivir virtualmente llenando lo que nos falta, en lugar de luchar por llenar la vida real”.
Según Baudrillard la red crea un nuevo entorno que, aunque “está bien como medio lúdico y para comunicarse” es casi “suicida”.
Tina Zerega cree que desde el punto de vista ciudadano es uno de los medios con más libertad. Permite cruzar información, ver blogs culturales y publicar opiniones sin ser parte de una agenda impuesta. “Es todavía el espacio de la diversidad de la información”.
Rocío Álvarez cree que es una herramienta importante para el trabajo y que, aunque puede ser un medio para generar mayor estrés, el internet no es el causante del problema sino la forma de vida acelerada que llevamos.
Baudrillard aconsejaba buscar un buen sitio para esconderse; ella dice que lo que hay que hacer es delimitar la vida privada. “No conteste el teléfono ni los mails mientras descansa, come o se divierte, hay que ser disciplinados para que no nos invada la vida”.
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