Llovía incesantemente los días que precedieron el viaje a Lucerna, pero el día de nuestra llegada, como por encantamiento, la lluvia había cesado, lavando la bruma que cubría la ciudad. Parecía que la primavera había querido darnos la sorpresa magnificando el paisaje con montañas más luminosas, con un lago azul más límpido y flores frescas de colores más resplandecientes. Es la emoción que enseña a saber mirar esta diversidad de paisajes sucesivos adosados a las montañas y embellecidos por cuatro estaciones.
UNA MIRADA
Como salida de un cuento de hadas, en el corazón de la Confederación Helvética al noroeste del lago de Cuatro Cantones (llamado así porque sus aguas bañan los cantones de Lucerna, Schwyz, Uri y Unterwalden), surge radiosa Lucerna, pequeña y auténtica joya de extraordinarios paisajes, dominada por un universo de montañas mágicas, entre ellas, los majestuosos y emblemáticos Montes Pilatus y Rigi que le sirven de marco suntuoso.
Rico patrimonio anidado en un sitio de excepción, ha sabido conservar intacto su patrimonio histórico como lo muestra su centro antiguo, tesoro legado a la ciudad que ha influenciado en su forma de vida privilegiada. Con una población de 60.000 habitantes, en su mayoría católica, de habla suizo-alemán, su economía reposa sobre todo en el turismo y la cultura, siendo el principal centro urbano de Suiza central y desfile ininterrumpido de nacionalidades diferentes.
De hecho es una de las ciudades más visitadas de Europa que atrae alrededor de cinco millones de visitantes anualmente, provenientes del mundo entero, cautivados por su diversidad e intensa actividad cultural. Sin la menor duda, el éxito de la ciudad ha sido el de vincular con maestría el patrimonio natural y cultural con la visión del futuro.
Como un paréntesis, me es imposible disociar el nombre del espléndido Museo Hans Erni de la vida cultural de la ciudad. Erni, nacido en Lucerna, cumplió 100 años de vida en febrero y acaba de terminar el monumental fresco consagrado a la paz en un muro de 60 metros del Palacio de Naciones Unidas, el cual será inaugurado el 6 de junio en Ginebra.
EVOCANDO EL PASADO
Atravesada por el río Reuss que corre bajo numerosos y pintorescos puentes de madera que caracterizan la ciudad vieja de Lucerna, con sus calles peatonales adoquinadas, que alberga abundantes plazas medievales rodeadas de cafés al aire libre y numerosas arquitecturas históricas ornadas de frescos que bordean estas plazas, deambular es un verdadero regocijo para el espíritu, pues siempre hay algo que descubrir y con este sentimiento me dirijo al encuentro de su rico pasado.
Las construcciones emblemáticas de la ciudad son, entre otras, la Iglesia jesuita del siglo XVII, que es la más antigua construcción barroca sagrada de la Confederación (Lucerna fue bastión de la Iglesia católica durante la Reforma), asimismo, impresiona el león agonizando tallado en la roca, en homenaje a los mercenarios suizos muertos durante la Revolución Francesa en 1792.
Y por supuesto, el ineludible Pont de la Chapelle, más conocido como Puente de Lucerna, una de las construcciones más fotografiadas de la Confederación Helvética. Terminado en 1332 con su Torre de Agua y sus 112 pinturas triangulares del siglo XVII que retrasan la historia del país, es el más antiguo puente de madera cubierto de Europa, el cual une la ciudad vieja con la moderna. Destruido en buena parte por un incendio en 1993, su reconstrucción se efectuó casi de inmediato, recobrando muy pronto su antiguo esplendor.
BREVE HISTORIA
Con su nombre que proviene del latín Luciaria, 1.300 años de historia nos muestran a Lucerna como una pequeña aldea de pescadores que empezó a desarrollarse alrededor de 700 años de nuestra era. Toda la región era una dependencia del monasterio alsaciano de Murbach hasta 1178, que se cree fue el año de la fundación de la ciudad.
Al llegar 1291, el abate de Murbach vende la ciudad a los Habsbourgo, pasando a ser propiedad de Austria hasta 1332 que se integra a la Confederación suiza, pero su verdadero desarrollo se debe a la apertura de la ruta de Gothard a principios del siglo XIII, que le permitió transformarse en una potencia política al unir la Suiza germánica con la Suiza italiana.
FESTIVAL
Pasado y presente se conjugan armoniosamente en Lucerna. Es el caso de la arquitectura futurista del Centro de la Cultura y de Congreso (KKL), que reúne bajo su techo audaz e imponente la gran sala de conciertos que acoge 1.840 espectadores, el Centro de Convenciones y el Museo de Arte en el cuarto piso. Creación del arquitecto francés Jean Nouvel, es una obra maestra de arquitectura y acústica y actualmente también uno de los emblemas de la ciudad con sus numerosas y prestigiosas manifestaciones culturales permanentes.
Quién no ha oído hablar del famoso Festival de Lucerna, que acoge las orquestas sinfónicas, óperas y artistas más célebres del mundo. No existe un solo artista consagrado que no haya participado en este célebre festival, conocido por un público en extremo exigente. Aquí vale la pena mencionar al joven director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel y su prodigiosa orquesta nacional Simón Bolívar de Venezuela, formada por niños y adolescentes provenientes de clases desfavorecidas.
Dudamel impresionó en este Festival dirigiendo la Quinta Sinfonía de Mahler. Con apenas 28 años de edad, este genial artista será el próximo director de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles a partir de septiembre del 2009.
Al día siguiente de recorrer la ciudad cerramos con éxito nuestra estadía con una invitación del Director de Desarrollo de Turismo suizo, quien mostrando una vez más la hospitalidad helvética nos acompañó también en el pintoresco barco, donde nos esperaba un almuerzo y una navegación por el lago, desde donde pudimos admirar otra perspectiva de la ciudad.
Al llegar a puerto, todos nos comprometimos a regresar para el próximo festival de música de esta hermosa, viva y colorida ciudad de Lucerna, donde cada periodo de su historia ha marcado su huella sin borrar la anterior. Nos despedimos así con un… hasta pronto.