PREGUNTA: Nuestra hija va a cumplir 15 años y nos ha pedido que le regalemos una cirugía para agrandar sus senos, que la verdad son pequeños. Mi esposo está de acuerdo, pero yo no estoy segura, aunque creo que la puede ayudar con su autoestima. ¿Qué cree usted sobre este regalo?
ÁNGELA RESPONDE: La belleza de la mujer ha sido siempre muy apreciada, y de ahí que dediquemos muchos esfuerzos a lucir lo más bonitas que sea posible. Y no hay nada de malo en ello. Sin embargo, en una era en que la cultura nos dice que nuestro valor como personas está en lo lindas y seductoras que seamos, no es de extrañar que las adolescentes –quienes todavía no tienen la madurez para comprender que su belleza no está en su apariencia– estén dispuestas a lo que sea para lucir lo más cautivadoras que sea posible. De ahí que la cirugía para agrandar los senos sea uno de los regalos más apetecidos hoy por las adolescentes.
Además de los riesgos que necesariamente implica cualquier procedimiento quirúrgico, lo más grave de patrocinarle a una hija una cirugía de los senos es el mensaje que en esta forma le estamos dando: que son sus formas y no sus cualidades humanas las que le permitirán ganarse el aprecio de los hombres.
No me cabe duda de que los padres que apoyan a sus hijas en este tipo de procedimientos lo hacen con la buena intención de ayudarlas a verse y sentirse mejor, a menudo creyendo que en esta forma fortalecerán su autoestima y sus relaciones sociales. Pero una mujer con un busto más protuberante no es necesariamente más bella como persona, pero sí más seductora, lo que la puede colocar en el peligro de ser atractivas para los hombres ante todo como objeto de placer sexual.
Es fundamental que tengamos en cuenta que lo más valioso que tenemos como mujeres son todos aquellos atributos que emanan de nuestro corazón, no de nuestra apariencia. Nuestro cuerpo no es un bien de nuestra propiedad sino que es parte integral de nuestro ser, algo así como esa “urna” en la cual reside lo que somos como personas, y por eso debemos cuidarnos de abusarlo en cualquier forma.
Si lo que los padres deseamos es enriquecer la autoestima y el bienestar de las hijas, lo más recomendable es dedicarnos a fortalecer sus cualidades, haciéndoles énfasis en los rasgos positivos de su carácter y en las grandes virtudes que las adornan. En esta forma les ayudaremos a ver todo lo lindo que hay en ellas como seres humanos. Y contribuiremos a que puedan ganarse la admiración y el aprecio de hombres íntegros, que las valoren por su riqueza y belleza interior, y no solo por su apariencia exterior.
www.angelamarulanda.com