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Los Luque, una herencia pastelera
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Dora Luque, la creadora de una marca

Belisario Luque Marriott maneja el negocio que su tía, Dora Luque de Pareja inició en 1952. Lo que empezó como enrollados de manjar hoy es una cadena de dulces, próxima a franquiciarse.

El gusto por la repostería viene de sangre. Al menos en la familia Luque, que desde hace 57 años mantiene en el mercado una de las cadenas de dulces más reconocidas de Guayaquil: Dolupa.

Empezó con Dora Luque de Pareja, quien prepara desde la cocina de su casa enrollados de manjar. Su sabor se popularizó tanto en los hogares de la ciudad que pronto llegaron a las perchas de supermercados y se consolidaron como una marca. 

“Mi tía empezó trabajando en la casa porque era un negocio casero.  Yo recuerdo que de niño entraba a la cocina, que era muy grande, y veía todo blanco como la nieve por el azúcar en polvo con el que hacía los enrollados. Para  mí era todo una fantasía”, cuenta Belisario Luque Marriott, su sobrino, quien también nació con el gusto por los dulces.

A los 9 años, él preparaba postres, se empapaba de técnicas e intentaba crear otros.  Fue un autodidacta, dice, que aprendió a innovar con la repostería. Fue tanta su afición que aunque estaba por graduarse de arquitecto quiso abrir un local de dulces.

Tenía 24 años y decidió pedirle asesoramiento a su tía para montar un negocio.  Ella aprovechó su inquietud para probar qué tan interesado estaba y comenzó a entrenarlo sobre el negocio de los postres. Como vio el interés real de Belisario, un buen día decidió regalarle la empresa.

“Ella quería heredar en vida a un integrante de la familia porque hubo gente interesada en comprárselo.  Ella decidió que quede en familia”. 

Su tía lo llamó y le propuso darle su negocio, con todos los empleados,  equipos y el capital para un mes de trabajo. El quería un local de postres adicional a su carrera de arquitecto, pero cuando le dieron la empresa montada decidió entregarse por completo y dejarla de lado.

Belisario Luque siguió con la distribución a supermercados por unos cinco o seis años más hasta que decidió implementar cambios: introdujo los famosos alfajores de Dolupa, tortas y una variedad de postres que empezó a comercializar en los primeros dos locales de esta cadena: el de Los Ceibos (en su casa) y Urdesa.

“Se abrieron y a mí me gustó más la línea de los locales por el contacto con el cliente. Dolupa era una marca que tenía tradición. Hubo aceptación, pero en esa época no había la cultura de comer dulces. Poco a poco, con esfuerzo empezamos a crecer”, indica él.

Los dos locales se abrieron en 1990. La casa de Belisario era el nuevo centro de operaciones. Allí se elaboraban los dulces a mano y se los distribuía para la venta. La innovación para entonces era el dulce de tres leches porque en la ciudad no había una cultura de dulces húmedos. Luego vino una extensa variedad.

En el 2000, en plena crisis del país, comenzó a crecer con locales. Abrieron otros cuatro en Guayaquil, uno en Libertad, uno en Salinas y dos Machala. Están por inaugurar uno en el c.c. Las Terrazas en Samborondón y otro en La Piazza de los Ceibos. Con estos sumarán doce locales propios.

En estos se ofrecen 11 variedades de dulce de tres leches; 7 tipos de cheescake, tortas con fusión de sabores. Un 80% de lo que se vende, dice, es invento suyo. Y para ello tiene una experiencia de 39 años haciendo dulces.

Ahora está empeñado en recuperar sabores tradicionales, como guayaba y membrillo, para innovar con otros dulces. 

CRECIMIENTO
Más allá de la dulcería, asegura Belisario Luque, se está generando una marca de alimentos en torno a Dolupa. Próximamente incursionarán en la línea de helados, con marca y sabores propios, y se convertirán en franquicia.

Hace dos años cuentan con una planta de procesamiento propia, en la que se cumple una línea de trabajo, que va desde el horneado de pasteles hasta el relleno y decorado.  Eso le has permitido cumplir estándares de calidad básicos para el crecimiento del negocio.

La franquicia está lista, solo faltan determinar los costos. La idea, cuenta él, es franquiciar todo y quedarse solo con los locales de Urdesa y Alborada.

Belisario Luque se muestra satisfecho con la expansión que han tenido desde aquellos enrollados de manjar con los que empezó Dolupa en 1952. Pero dice que la mayor satisfacción fue el reconocimiento de su tía. “Un día la lleve a recorrer los locales y me dijo, donde pongo el ojo pongo la bala, hice bien en elegirte. Oírlo después de tanto años es saber que fui agradecido con ella y que logré satisfacer sus expectativas”.

Y para seguir esa tradición repostera familiar, él -que al igual que su tía no tuvo hijos- piensa legarle en vida el negocio a sus sobrinos.


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