La contestación es obvia: Epicuro puede emitir un criterio, pero su veredicto corresponderá siempre a un momento en particular y jamás podrá asegurar que la calidad será constante, inmutable. Mis lectores toman en cuenta mi columna, pero en determinadas circunstancias se llevan un chasco al visitar un restaurante que yo recomendé.
Quienes me leen cada domingo escriben más que nada cuando quieren expresar decepción, frustración. Sucede en limitadas ocasiones, pero ocurre. Mi deber, por elementales principios de ética, es darles la oportunidad de emitir en voz alta su criterio, tomar en cuenta las fallas que ellos encontraron en tal o cual lugar de buen comer.
Por ejemplo, un cliente de un establecimiento muy conocido de Urdesa expresa así su desencanto: “Éramos seis personas y a pesar de que la cuenta nos salió por 25 dólares con vino incluido, la atención fue pésima. Desde que ordenamos la comida tuvimos que esperar una hora con quince minutos para que la sirvieran. De paso llegó fría. La atención de los meseros fue de indiferencia constante. Mi plato en particular era una carne dura, además no estaba cocida tal como la pedí. Solo tenía como acompañante una minúscula porción de puré. Nunca más volveré a este lugar. Como remate había una promoción de Diners, la cual no fue respetada y facturaron sin considerarla a pesar de nuestros reclamos”. No citamos el nombre del lugar por razones de ética, pero tengo los datos precisos y hasta los teléfonos de quien me escribió
Una mujer a quien podría considerar como gourmet destacada se queja de lo que le sirvieron en un restaurante típico al que considero, sin embargo, como uno de los mejores dentro de su categoría en cuanto a la relación calidad-precio. Las críticas de mi lectora acerca de la comida que escogió, siendo válidas, no puedo dejar de tomarlas en cuenta. La misma persona vilipendia también a otro sitio de comida local, por eso es bueno que La Revista de Diario EL UNIVERSO, confirmada como la más leída del país, organice cada año una encuesta entre sus lectores para tomarle el pulso a la clientela. Lógicamente, quienes cocinan con talento en su casa se muestran más exigentes al comer afuera.
Críticas severas recibí también acerca de los precios muy elevados que ciertos restaurantes ponen a los vinos, como para obligar a sus visitantes a beber cerveza, gaseosa. Varios mails insisten en que muchos guayaquileños prefieren frecuentar los lugares de piqueo como El Español, Dolce Incontro, El Rincón de Lichi o más prosaicamente los establecimientos de fast food donde sirven pollo, pizza, hamburguesa, perros calientes y comidas del mismo estilo.
Seamos realistas. Si bien es cierto que Epicuro puede con cierta facilidad elegir a los cinco mejores restaurantes de Quito, resulta mucho más azaroso elegir a los cinco mejores de Guayaquil. Por esta razón la opinión de los lectores mediante consultas es imprescindible, siendo ideal una encuesta callejera o por internet con datos precisos de quienes opinan.
Varias personas escriben que los precios de ciertos restaurantes de lujo son extremadamente elevados. Estaré pronto en uno de ellos citado con insistencia por mis lectores para ver si se justifican estas tarifas, cómo es la atención, qué tal la calidad gastronómica, pero recuerden que existen platos siempre onerosos. Es el caso de los bifes importados de Texas, Argentina o Uruguay, de las langostas y langostinos.
Escríbanme sin temor. Estoy muy atento a sus críticas. Pronto me tocará, por vez primera, escoger a los que considero como los cinco mejores de Guayaquil. Por lo pronto denme su lista personal de los elegibles. Es importante su opinión, más aún si no coincide con la mía.