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Edición del DOMINGO 12 de Julio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Laura Arteaga tiene el poder de cambiar apariencias y personalidades. Es la dueña del establecimiento Pelucas & Postizos. Su talento  crea fantasías. ¡Seguro que ustedes no reconocieron a la Miss Ecuador!

¿Cuántas personas de las que usted conoce utilizan peluca?,  seguro que más de las que cree. Si permanece tan solo una mañana en  Pelucas & Postizos verá entrar y salir a hombres y mujeres de diferentes edades con una cabellera perfectamente lacia, ondulada, ensortijada o de cualquier tono. De esas que uno suele envidiar en las calles o al menos preguntarse qué productos utilizan para estar siempre peinadas.

Laura Arteaga es la propietaria de este  establecimiento, ubicado en un edificio de tres pisos en la avenida de las Américas, dedicado a la venta y mantenimiento de cabello natural y sintético, de disfraces, lencería y juguetes, además de ser salón de belleza y de tatuajes.

La señora Laura, como la llaman, es una mujer que abraza, que sonríe y se siente muy orgullosa de su historia. “Nadie creía en mi idea de colocar un negocio que se dedicara exclusivamente a esto, ni siquiera mi familia, pero es lo que me gusta y algo en mi interior me decía que estaba haciendo lo correcto”, comenta.

Ella es cuencana, llegó a Guayaquil a los 19 años con su único hijo, Fabián Andrade, en brazos. “No tenía dinero, estaba con una mano adelante y la otra atrás, mejor dicho, con la ‘chiracard’. Mi hijo estaba pequeño, pero no me iba a rendir. Yo soy una mujer de trabajo...”, asegura.

Un tío la recibió en su casa y ella, con los pocos ahorros que tenía, compró un tablero y lencería cuencana y se instaló en la esquina de las calles Diez de Agosto y Lorenzo de Garaycoa. Ahí gritaba: “Oro barato, oro barato, vengan, vengan, oro barato, oro barato...”.

“En la calle una aprende a defenderse y a ser más fuerte. A mi hijo le dormía debajo del tablero en un cartón donde llevaba la mercadería. Había hombres que me ofrecían casa y dinero para irme a vivir con ellos, algunos que se quisieron propasar, pero una debe hacerse respetar porque yo no necesitaba y no necesito que nadie me mantenga”, relata.

En cinco años de permanecer con su tablero de un metro cuadrado ahorró lo suficiente para trasladarse a un local en Diez de Agosto y Pío Montúfar, al cual nombró Economía Popular.  Llevó a sus hermanos para que también sean comerciantes, con la condición de que ninguno venda lo mismo que el otro. Los negocios crecieron y cada uno buscó su espacio.

Su estrategia ha sido llamar la atención. Con el cabello tinturado y vestida de colores intensos, sacaba un banco a la vereda y ofrecía a los peatones peinado y maquillaje gratis.  De lunes a domingo por 28 años esta cuencana atrajo clientes que hasta ahora conserva.

Lo que no se exhibe no se vende es  su lema, y cuando Laura empezó a importar pelucas de cabello sintético fue la primera en usarlas. Con los ingresos extra de  los nuevos clientes viajó a Nueva York, Estados Unidos,  y se surtió de  accesorios para el cabello.

Con productos que en ese entonces nadie más traía a la ciudad su negocio creció. Dice que muchas personas del medio televisivo de la época llegaban a su local, pero le pedían que cambiara su ubicación. Acondicionó un espacio en el centro comercial Unicentro, pero al cabo de dos años lo cerró, porque al no poder atender personalmente ambos lugares el negocio no rendía lo esperado.

Laura luchaba por estabilizarse y prosperar económicamente. Junto con uno de sus hermanos depositaban cuatro sucres diarios en un recipiente de cristal con el objetivo de reunir 350 y abrir una libreta de ahorros en un banco.

Pero las pruebas no terminaron.  La casa donde habitaba con su familia, que para ese entonces ya se había trasladado a Guayaquil, se quemó. El incendio debía haber afectado cuatro casas, se quemaron las dos primeras y la cuarta. En la tercera había una imagen de la Virgen de Agua Santa, de Baños, y la familia era su devota. Laura le atribuye el milagro y desde ese día toda su familia se unió a la veneración de la Virgen.

Parte de lo ahorrado se utilizó para comprar colchones, una cocina, un tanque de gas y unas cuantas prendas de vestir.  Y a empezar de nuevo.

Local propio
Ocho años atrás, la avenida de las Américas solo era considerada una vía rápida. Ahora también es una zona comercial. Laura  solicitó un préstamo bancario y compró el terreno donde ahora se levanta su edificio de tres pisos, con 30 trabajadores y muy pronto con parqueadero para 8 vehículos.

Tiene alrededor de 300 modelos de pelucas en casi 23 colores cada una, juguetes, disfraces, lencería y cientos de historias que contar.

“Vienen muchas mujeres negras porque no están conformes con su cabellito. También aquellas que quieren cambiar su apariencia para seguir al marido sin que él se dé cuenta, porque sospechan que este les pone los cachos. Algunas son muy pobres y no tienen para pagar lo que cuesta una peluca, a veces me toca hacer de consejera y a algunas les he mandado peinadas y maquilladas sin cobrarles nada, pero diciéndoles que son muy bellas y no tienen que estar atrás de un hombre que no las valora. Esto no se puede hacer siempre porque yo también tengo deudas, pero me siento bien ayudando”, dice.

Laura y sus colaboradores comparten el dolor de las personas que por motivos de salud se quedan sin cabello. “Mujeres e incluso niñas que por  tratamiento de quimioterapia pierden el cabello llegan para buscar algo que las haga sentir mejor, y ayudarlas es algo que me hace sentir bien”, explica.

Abre las puertas del local a las 09:00 y cierra a las 20:00. Intenta permanecer ahí todo el tiempo. Los visitantes la saludan con besos y abrazos, ella está pendiente de cada persona que atraviesa la puerta y envía a uno de sus colaboradores a atenderla o va ella misma. No importa si compra o no, si llega caminando o en automóvil del año,  ella está convencida de que el buen trato es la causa de su éxito.

Facetas
Mantuvo un  programa con el mismo nombre de su local  en Mundo Canal, de señal UHF. Ella se presentaba  con trajes de la Mujer Maravilla, de princesa y demás porque mantenía su lema “Lo que no se exhibe no se vende” y llevaba a mujeres para realizarles cambios y enseñar a los televidentes  las opciones de pelucas que tiene en su local.

Su hijo es cantante y por él, ella se convirtió en compositora, tanto así que después de promocionar su canción Mi Guayaquil recibió,  el 13 de agosto del 2005, una felicitación escrita de parte de  la Municipalidad de Guayaquil, por el espíritu cívico puesto de manifiesto en el trabajo discográfico.  

“Mi hijo es el complemento de mi vida, el que me impulsa a seguir adelante y el que me apoya en todos mis proyectos”, expresa al referirse a Fabián, quien la describe como una ‘todóloga’ y dice sentirse muy orgulloso de su madre.

Laura es una comerciante, aunque nunca haya estudiado ninguna carrera relacionada. Sin embargo, la universidad no es un área que desconoce. Es Licenciada en Comunicación Social y estudió hasta el tercer año de Diplomacia, pero tuvo que dejarla por falta de tiempo, explica. Además de sus estudios en el campo de la belleza.

Sus pedidos se multiplicaron y actualmente tiene pequeños talleres de confecciones de disfraces en Quito, Ambato y Cuenca, en esta última ciudad también otro local dedicado a vender pelucas y postizos que administra una de sus hermanas.

“Mi objetivo es tratar a todos por igual y que de una u otra manera salgan con un mejor semblante. Si puedo hacer que su vida mejore en algo, lo haré en la medida de mis posibilidades”, afirma.

No volvió a casarse, aunque pretendientes no le han faltado. Con lágrimas, pero no de tristeza sino de emoción por haber recordado de modo cronológico su vida, Laura concluye: “Entre todas las situaciones que enfrenté me considero  realizada y feliz. Hago lo que me gusta y  comparto mis logros con las personas que amo. No creo, en lo absoluto, que mi vida haya sido sacrificada”. (G.J.)


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