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Edición del DOMINGO 12 de Julio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Irvin D. Yalom
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Hernán Pérez Loose | hperez@ecua.net.ec

Thomas Mann tenía apenas 24 años cuando escribió Los Buddenbrook.

La novela narra la historia de una familia de la alta burguesía de Lubeck, la ciudad natal del propio Mann, y su progresiva y desgarradora decadencia moral a lo largo de cuatro generaciones. En una de las escenas más estremecedoras, el viejo Thomas Buddenbrook,  protagonista y patriarca de la familia, está por morir.

La cercanía de su final  deja perplejo a Thomas Buddenbrook. Las respuestas  para enfrentarla –la religión o el materialismo darwiniano con su mundano escepticismo– no parecían resolver su angustia. Nada parecía darle “una sola hora de serenidad ante el cercano y penetrante ojo de la muerte”. (Es increíble cómo en estas páginas un joven como era Mann al momento de escribirlas pudo captar con tanta intensidad lo que pasaba por la cabeza de un anciano).

En su desesperación el protagonista toma de un anaquel un viejo y destartalado libro de filosofía que había comprado años atrás y que no lo había abierto nunca. Tras las primeras páginas de lectura, Thomas encuentra finalmente paz. Según narra Mann, lo que le maravilló al leerlo fue descubrir cómo una mente superior había podido “dominar esta broma cruel que era la vida”.

Pasan las horas hasta que Thomas llega a un capítulo titulado ‘Acerca de la muerte y su relación con la inmortalidad personal’, que parece transformarlo. Al terminar el libro, dice Mann, el viejo Buddenbrook parecía un ser diferente, había encontrado en este libro de filosofía la paz que tanto buscaba.

Lo que para Mann fue una escena de su inmortal novela, a Irvin D. Yalom le sirve como argumento de toda su novela, Un año con Schopenhauer (Emecé Editores). Yalom intenta llevarnos allí donde Mann nos deja. ¿Hasta qué punto la filosofía puede contribuir para superar conflictos psicológicos? ¿No es acaso la filosofía una disciplina teórica con muy pocas implicaciones prácticas para la vida diaria? La novela de Yalom trata de responder a esto.

Confrontado con la noticia de que tiene un cáncer a la piel y que sus expectativas de vida no superan un año, el Dr. Julius Hertzeld, de sesenta y cinco años, un psiquiatra de renombre en California, decide que la mejor manera de utilizar los meses que le quedan era hacer lo único que había venido haciendo como profesional, esto es, ayudar a resolver conflictos psicológicos a personas en necesidad.

Pero esta vez Julius quiere hacerlo diferente. Después de todo no le queda mucho. Esta vez se propone volver a tratar a alguno de sus pacientes que no pudo ayudar. A uno de esos casos difíciles, de aquellos que dejaron de visitarlo porque no sentían que él los ayudaba suficiente.

Julius pronto descubre que realmente el único paciente con el que podría decirse que fracasó fue un joven que trató más de veinte años atrás.  Se trataba de Philip Slater. Según sus notas, Philip lo visitó por aproximadamente un año para tratar de superar una obsesión sexual que lo llevaba a cortejar y tener relaciones continuamente con diversas mujeres, lo que le impedía, según sus palabras, “hacer lo que realmente quería”.

El Dr. Hertzeld  lo recordaba a Philip como un joven  extremadamente apuesto, distante, frío y desconfiado. Y, en efecto, Philip le hizo saber un buen día que suspendía el tratamiento por falta de progreso.

Ahora a la distancia de dos décadas resulta que Philip –que había dejado su trabajo de químico exitoso en la Du Pont– había logrado superar su problema sin la ayuda de la psiquiatría sino gracias a un terapeuta que había conocido en la Universidad de Columbia de Nueva York, mientras cursaba un doctorado en filosofía. Cómo se llama, le preguntó Julius con curiosidad y recelo, este doctor. Su nombre, le responde Philip, es Arthur, Arthur Schopenhauer.

Cómo es que este gran filósofo del pesimismo logró curar a Philip, y eventualmente termina ayudando al propio Julius, es fascinantemente narrado por Yalom en una novela que el lector no podrá dejarla de lado, y cuya lectura recomendamos.


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