sábado 11 de julio del 2009 Columnistas

Nila Velázquez nvelazquez@eluniverso.com

Un tema para todos

La presentación de un proyecto de Ley de Educación Superior es un buen momento para replantearse la esencia misma de la universidad, y nadie mejor para hacerlo que quienes hacen las universidades en diálogo con el Estado, el sector productivo y los sectores más desprotegidos.

Y es necesario este diálogo porque nuestro país y, en consecuencia, nuestras universidades están en la encrucijada entre  un conocimiento que se produce en otras geografías y un pueblo que requiere de ese conocimiento para alcanzar un desarrollo con dimensión humana.

La universidad debe, pues, volver a la misión que tenía en  sus orígenes: defender la autonomía de la ciencia, buscar la verdad, llevarla a la práctica y generar pensamiento que permita organizar la sociedad. Esta es su esencia.

Para realizar este objetivo requiere total autonomía, la autonomía de la razón. Pues ni la búsqueda de la ciencia, ni la de la verdad, ni la generación de pensamiento se logran y se desarrollan si hay limitaciones, normas o reglas exteriores a su quehacer.

Por supuesto, la universidad no puede ser ajena a la realidad y a las necesidades de desarrollo de la sociedad en que se ubica y debe conocer y coordinar con las instancias que planifican el desarrollo, pero sin perder su autonomía porque su papel es, debe ser, siempre ir más allá de la realidad actual y buscar el conocimiento en todas las áreas de la ciencia para preparar el futuro, recordando que las circunstancias no cambian solo por el aporte de la ciencia y la tecnología, sino que el verdadero agente de cambio es la interacción entre los sistemas de pensamiento que conciben la sociedad y la aplicación de tecnologías nuevas.

Encontrar, producir, transmitir, renovar, transformar conocimiento, siempre ha sido la labor de las universidades, pero en el mundo de hoy es de especial importancia porque el conocimiento cambia tan rápidamente que solo tendrán posibilidades de desarrollo autónomo los países que desarrollen una capacidad constante de aprender y responder a situaciones nuevas e inesperadas con métodos nuevos y creativos.

Pero todo lo expresado hasta aquí solo es posible cuando los maestros universitarios están preparados para serlo y realizan su tarea en libertad, cuando junto a su formación académica llevan a la cátedra también su experiencia en la aplicación de lo aprendido, porque es  este intercambio entre teoría y práctica el que aporta la información necesaria para la revisión de las certezas temporales, que son las únicas posibles para la ciencia.

También se requieren estudiantes con vocación para el trabajo universitario, con disciplina intelectual, con capacidad de estudio, con espíritu de investigación, son ansias de saber y de aplicar el saber para servir.

Y, por supuesto, hacen falta recursos, la infraestructura y el equipamiento necesario para que la universidad no sea solo una repetición de lo dicho por el maestro, cuya preparación pedagógica es indispensable.

Hay mucho que hablar, discutir y acordar sobre el tema, y le corresponde a toda la sociedad participar, no solo para conocer la propuesta sino para mejorarla o cambiarla si es necesario. Es un tema demasiado importante para el futuro para dejarlo en pocas manos.

Imprimir Enviar Compartir: Facebook Twitter MySpace Delicious
Columnistas

Otros Columnistas

Ahora en Opinión

Editorial Resultados del G-8

Las buenas noticias de la reunión cumbre del G-8 son dos: 20.000 millones de dólares en ayuda para los agricultores de los países más pobres y el compromiso de las naciones industrializadas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.