sábado 11 de julio del 2009 Columnistas

Alfonso Oramas Gross

El sucesor de Uribe

De acuerdo con medios colombianos, la orden de captura solicitada por el juez de Sucumbíos, así como el respaldo otorgado por el Fiscal General a tal petición en contra del ex ministro Juan Manuel Santos, han logrado que la candidatura de Santos para la Presidencia de la República, en lugar de deteriorarse, se consolide como la de mayor fortaleza en el objetivo de suceder a Álvaro Uribe.

La revista Semana va aún más lejos al señalar que un estratega político no lo habría pensado mejor, en un intento de posesionar la candidatura de Santos, toda vez que la actuación del juez va a permitir que Juan Manuel Santos siga adelante en las encuestas; la revista agrega: “Por eso no faltan quienes dicen, irónicamente, que Correa se convirtió en el jefe de campaña del ex ministro”.

Es decir, más allá de las consecuencias jurídicas del proceso instaurado en Sucumbíos, es muy probable que Santos aproveche el incidente legal para consolidarse de manera definitiva como el candidato con mayores opciones en las elecciones presidenciales del 2010, naturalmente dependiendo de la decisión de Uribe de optar o no por una tercera reelección.

Con tales antecedentes, es posible advertir un panorama realmenteEs muy probable que Santos aproveche el incidente legal para consolidarse de manera definitiva como el candidato con mayores opciones en las elecciones presidenciales del 2010, naturalmente dependiendo de la decisión de Uribe de optar o no por una tercera complicado a nivel de las relaciones con Colombia, pues si en este momento están en su punto más bajo, una eventual elección de Santos como presidente polarizaría las relaciones a niveles que posiblemente no imaginamos. Santos tiene visiones políticas más radicales incluso en la lucha contra la FARC, debiendo recordar sus continuos alegatos a favor del ataque a terroristas “que sistemáticamente están atentando contra la población de un país, así estos no se encuentren dentro de su territorio”,  en clara alusión al ataque realizado el año pasado a territorio ecuatoriano.

Es necesario ir advirtiendo, por lo tanto, un escenario cuyos alcances son muy difíciles de descifrar, con mayor razón si recordamos que Santos mantiene también una marcada enemistad con el Presidente venezolano. En todo caso, parece que se siguen conteniendo y evidenciando demasiadas emociones que impiden que la razón privilegie cualquier decisión. A estas alturas, ya no Uribe sino la enorme mayoría del pueblo colombiano considera que el rechazo del Gobierno ecuatoriano y su pueblo se ha convertido en odio y eso no es bueno; Semana señalaba que “la rabia en el corazón de Correa sale a relucir cada vez que alguien le menciona Colombia”. Que eso sea o no cierto es una cosa, que el pueblo colombiano así lo piense es otra. ¿Alguien sale ganando de todo esto?

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