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Grandes bailarines, el ‘thriller’ que nunca termina
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Michael Jackson: “Uno de los grandes bailarines de todas las épocas”.
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

Con Michael Jackson e ilustres antecesores, Hollywood se encargó de mover los pies del mundo con auténticos innovadores de la escena dancística.

Para un cinéfilo total la atracción principal se concentra siempre en la pantalla. Y es allí donde descubrimos también muchas de las expresiones artísticas que siempre nos conectan a otras artes. En mayo de 1983, media población de Los Ángeles y Nueva York estaba hipnotizada mirando la transmisión televisada de un evento que había sucedido meses antes: el aniversario de los 25 años de la influyente disquera Motown, de donde habían surgido los más grandes exponentes de la música soul en EE.UU.

Allí el clímax fue casi un 'antes y después' de la cultura popular en el mundo: Michael Jackson bailando Billie Jean, revelándonos los increíbles movimientos de su moonwalk, con guantes blancos, pantalones ceñidos que también enseñaban medias blancas y un traje azul-negro de chaqueta de luces con botones brillantes. No se pierdan esto en YouTube.

Jackson era un auténtico monstruo de la escena, el público deliraba, dentro y fuera de pantalla. Cantante y bailarín, lo que este hombre trajo a la música pop siempre estará ligado a su enorme influencia en la danza. Allí estuvo su más innovadora genialidad: después de Billie Jean y Thriller no podemos concebir ningún videoclip de MTV sin la huella dejada por Michael. Todo lo que se vio después, los arrebatos coreográficos de Britney, Christina y Justin Timberlake, son simples secuelas. En sus coreografías Madonna también es otra jacksoniana.

Ese mismo año, Thriller debutó semanas antes de Navidad en MTV. Un videoclip –no, un cortometraje de trece minutos– en el que Michael ya no bailaba solo, dirigido por John Landis, que ya había escenificado horrores en Un hombre lobo americano en Londres (1981). Muertos-vivos comparten con el cantante la arrolladora coreografía que él mismo había concebido junto con Michael Peters, coreógrafo muy influenciado por Jerome Robbins, genial creador de las danzas de West Side Story décadas antes. Esa efervescente y condimentada adrenalina dancística hipnotizó a media humanidad, porque thriller ya no significaba solamente una emoción electrizante, la palabra sintetizaba el furor, la pasión, la entrega total de los bailarines a una sinfonía de movimientos que parecían creados en ese preciso instante.

El propio Fred Astaire –ya retirado y convertido en leyenda viviente del Hollywood musical que se desvanecía– había dicho de Michael algo que sorprendió a algunos incrédulos: “¡Dios mío! Este chico se mueve de una manera excepcional”, señalaba meses antes de fallecer. “No quería dejar este mundo sin saber que podía tener un sucesor, gracias Michael”.

Hasta ese momento, en los altares de los críticos solo estaban Astaire y Gene Kelly, símbolos de un cine musical con epopeyas danzadas que nadie había podido equiparar. Jackson siempre reconoció la maestría de esas grandes estrellas y muchos de sus videos eran inspirados en escenas de sus películas. Moonwalk, autobiografía de Jackson escrita en 1988, está dedicada a Fred Astaire.

El legado de Jackson nunca termina. Quizás porque de todas las artes la danza es la que siempre nos sacude más visceralmente. “No soy como cualquier otro tipo, soy diferente”, decía Michael de protagonista en Thriller, antes de transformarse en un engendro felino que ocasiona alaridos de su inocente pareja en medio de la niebla nocturna. Nadie se asustaba, porque estábamos ante uno de los grandes bailarines de todas las épocas. Astaire también lo dijo.


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