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Edición del DOMINGO 5 de Julio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Las nieves de Colorado
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Pamela Hidalgo disfrutó de los deportes de nieve en Steamboat Springs junto con sus hijos Isabella (9 años), Darius (7) Cyrus (5).
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Como directora y maestra de la academia PAM Danza Teatro, la balletista guayaquileña Pamela Hidalgo valora el control absoluto del cuerpo para lograr movimientos artísticos y perfectos.

Por eso sonríe al recordar una anécdota que le ocurrió en las vacaciones del 2007 junto con sus tres hijos en el resort de nieve Steamboat Springs, encaramado en las montañas Rocosas (Colorado, EE.UU.).

“Esquiar fue un desafío muy grande. Por eso, el tercer día que me montaron en la góndola hasta la montaña más alta empecé a dudar de cómo bajarla. Mientras me llenaba de valor, sentí por detrás una palmadita de confianza... Era mi hija Isabella, quien con 9 años bajaba la montaña disfrutando el momento y con la mayor naturalidad del mundo. Me dio una tremenda lección de autoconfianza. Allí me sentí decidida a superar el miedo y la mamá más orgullosa del planeta”, indica Pamela sobre esa experiencia en ese destino “distinto, donde solo nos distraía la naturaleza y todo lo que esta nos ofreció”.

Steamboat Springs debe su nombre al sonido producido por las burbujas de los manantiales de la zona, que los pobladores asimilaron con el de un barco a vapor (steamboat, en inglés). La ciudad es mundialmente conocida por sus centros de esquí, entre ellos Steamboat, ubicado en el monte Werner.

“Una de las cosas más valoradas por nosotros en el viaje fue la calidez y amabilidad de la gente, realmente en todos lados, desde la farmacia hasta en los lugares que alquilas los equipos, la atención era realmente especial para el turista. Hay actividades para todas las edades, la escuela de esquí para niños es espectacular, los tienen en las pistas durante toda la mañana hasta después del almuerzo”, indica Pamela, quien junto con sus hijos se lanzaron de toboganes altísimos sentados sobre unas boyas gigantes (tubing), hicieron excursiones por las montañas y subieron por el teleférico para almorzar en un restaurante en la cima de la montaña.

“No pudimos usar el jetsky porque mis hijos no querían dejar de esquiar, pero habría sido divertidísimo, así como tampoco paseamos por la carroza tirada de los maravillosos caballos. Hay muchísimo que hacer, quizás una semana fue muy poco tiempo, es un paseo que definitivamente se debe repetir”, concluye.


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