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| Y ahora... ¿cómo le termino? |
La relación llegó a un punto insalvable, pero no se sabe cómo decir “se acabó”. Los especialistas indican que, aunque duela, hay que hablarlo de frente y sin rodeos.
Para Analía, todo iba bien: tenía una relación de dos años con Luis, estaba enamorada, había química, conversaciones en común y pocas peleas. Pero un día él la sorprendió con un pedido: necesitaba tiempo para sus aficiones, se sentía saturado y confundido.
Se quedó absorta, más aún porque el tiempo fue indefinido. Él comenzó a alejarse, la llamaba cada vez menos y no hacía planes en conjunto. Ella entendió que él no quería seguir y lo dejó no sin antes hundirse en una marea de dudas.
“No sé en qué fallé”, dice esta joven ejecutiva de 25 años.
La interrogante fue planteada en una reunión de amigos y amigas, casados, divorciados y solteros, con visiones diferentes de las relaciones de pareja: ¿Cómo termino una relación si ya no siento lo mismo o no estoy enamorado?
El camino de Luis encontró un respaldo mayoritario. Javier, ingeniero de 26 años, dice que también trataría de darle la vuelta a la relación y hacer que ella lo deje para no lastimarla. “Haría algo para que se decepcionara o se molestara”.
Podría decirlo de frente, pero dice que no quiere incurrir en más conflictos. Andrea, de 24, coincide con él: “Lo hostigas, es la manera más sencilla”.
Pero quizás no la más adecuada, según la psicóloga clínica Cecilia Chávez Bowen. Ella asegura que es una decisión que debe tomarse con cabeza fría y ser encarada con sinceridad. “Si ves que no va a haber un futuro con esa persona, es mejor decirlo tratando de utilizar palabras amables”. Y aunque reconoce que la frontalidad va a generar dolor en la otra persona, es más doloroso dilatar una decisión que al final se va a terminar tomando por cansancio, costumbre o peor aún por la aparición de otra persona.
El hecho de pedir tiempo o espacio es el recurso que emplea la mayoría. En algunos casos porque sienten que la relación se está tornando más seria y caen en pánico, porque sienten que ya no están enamorados o porque ya no funcionan juntos (problemas de carácter, celos, costumbres). Las excusas quizás le suenen familiares: “Eres una gran persona, pero no te merezco”, “El problema no eres tú, soy yo”, “Yo no te convengo”.
La especialista asegura que es mejor exponer los motivos reales por los que se quiere terminar. “Preferible una verdad que se puede superar a vivir una mentira que va a causar más daño”.
Melisa, de 28 años, dice que es un tema difícil que le tocó enfrentar hace dos años, cuando se dio cuenta de que ya no estaba enamorada de su novio con el que llevaba cinco años. “Había cariño, aprecio, pero ya no lo amaba, y aunque intenté muchas veces hablar más podía la pena y me echaba para atrás”.
La relación se acabó cuando él le puso un ultimátum porque se dio cuenta de que ella ya no lo tenía entre sus prioridades y comenzaba a interesarse en otra persona. “Creo que si ese jaque no hubiera llegado, tal vez seguiría con él”.
Alejarse es la manera que Dennis, de 25 años, ha encontrado para poner fin a sus relaciones. Así, asegura, la otra persona toma la iniciativa de romper porque él se ha enfriado. Y él, por supuesto, no hace nada por recuperarla.
El psicólogo Samuel Merlano asegura que cuando una de las dos personas tiene la convicción de no seguir, lo más saludable desde el punto de vista terapéutico es hacerlo lo más pronto posible y frente a frente. Olvidarse de la pena, porque eso puede incrementar el dolor de la separación y crear estados de confusión. “Llega un momento en que si no tomas la decisión empiezas a creer que así es el amor, toleras todo, viene la costumbre y se cae en un estado de pasividad afectiva o conformista”.
El hecho de insinuar y esperar a que la otra persona tome la decisión es uno de los errores frecuentes, señala Merlano, porque se delega a otro la responsabilidad que tenemos sobre nuestros propios sentimientos. “Es escudarse en un autoengaño. Viene luego el desamor y se adopta una actitud de sacrificio que se puede extender de por vida”, indica él.
Cecilia Chávez asegura que no hay un formato establecido para terminar una relación. Depende de cada tipo de pareja. Algunas recurren a la ayuda profesional porque ya no quieren continuar y buscan darle un soporte emocional a la pareja; otras, en cambio, porque quieren salvar la relación.
Decir la verdad, los miedos a los que se tiene como pareja es clave si se quiere salvar la relación, pero no buscar excusas falsas. Juan Carlos, de 33 años y casado hace diez, cree que decir la verdad da resultados. Eso sí, asegura, hay que usar palabras que no lastimen, como que la llama del amor se apagó.
Darle las razones, señalan los especialistas, es importante porque si uno no es feliz, es improbable que la otra persona lo sea. Así que esa receta de que uno puede seguir un compromiso porque la otra persona te quiere más y es incondicional contigo no siempre resulta: corres el riesgo de que alguno se hostigue o aparezca otro que realmente les mueva el piso.
“Una relación y más aún un paso al matrimonio solo debe darse por amor mutuo”, dice la psicóloga. Y cuando falla de alguno de los dos lados es mejor armarse de valentía y decir adiós de frente. (K.V.)
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