La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 5 de Julio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Cuerpo y Alma
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Lo Nuevo
    Dr. Tecno
    Columnistas
    Gente de cine
    Destino
    Moda
    Gastronomía
    Libros
    Orientación
    Arte
    Vivienda
    Salud
    De Cine y Del Resto
    Show
    Cocina de Patricia
Libros 
Laura Restrepo, hablando de dictaduras...
ampliar imagen ampliar imagen

Mas fotos de la noticia Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Clara Medina | claramedina5@gmail.com

Después de Delirio, obra con la cual Laura Restrepo obtuvo el Premio Alfaguara 2004, la escritora colombiana vuelve a internarse en el mundo de la novela.

Y lo hace con una historia que reconstruye, en parte, su propio itinerario vital. Es un libro bastante autobiográfico. Así lo reveló ella en una breve conversación telefónica que mantuvimos hace poco.

Ese día recordó con afecto a Guayaquil, ciudad a la que vino tras ganar el Alfaguara, y a la gente que integra los clubes de libros, que son, en su mayoría, mujeres. Asimismo, se mostró orgullosa de su nueva obra y de su hijo. Su único hijo, que también ha decidido ser escritor, presentaba esa noche en Bogotá su primer libro. Y Laura no podía estar más feliz.

Su vida de escritora hace que vaya por muchas ciudades y países del mundo, pero en ese instante estaba allí, en Colombia, su tierra natal, para acompañar a su hijo en el bautizo literario. Luego vendrían otra vez las giras. Las clases en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, en la que dicta cátedra; su vuelta a México, el país de donde es su esposo y en el que pasa largas temporadas; las conferencias, los coloquios, las firmas de libros. Todas esas cosas que tienen que hacer los escritores tocados por el reconocimiento público.

De Laura Restrepo recuerdo particularmente una confesión suya en una conversación anterior: que escribía como si se tratara de un gran reportaje y que luego todo lo escrito lo deformaba hasta que quedara transformado en una novela. Una divertida forma de resumir un método de trabajo. Leyendo su nueva obra, que se titula Demasiados héroes, se me vino a la memoria esta frase. Al parecer, partió de su vida, pero la transformó: le aumentó, le quitó, ficcionó, y el resultado es una novela que hace una especie de tour por una época de América Latina: la de las dictaduras, la de las utopías de los jóvenes, que buscaban una sociedad más justa; la de los sueños de izquierda. Y en medio de todo eso, una historia  familiar: la de un hijo, que ya adolescente, quiere conocer a su padre.

Los protagonistas de Demasiados héroes son Lorenza y Mateo. Ella es una escritora colombiana que en su juventud militó en la izquierda y ayudó a combatir la dictadura de Videla, en Argentina. Su nombre de combate era Aurelia, y se enamoró de Forcás, un  dirigente que en realidad se llamaba Ramón Iribarren. De esa unión surgió un hijo: Mateo. El niño es su vínculo, el fruto de su amor, pero más tarde el motivo de sus disputas. Al final, Mateo creció con su madre, de país en país. De su padre no volvió a saber desde un incidente que nunca tuvo claro por completo.

Un día, cuando ya era casi un hombre, decide ir con su madre en busca de su padre. Lorenza y Mateo viajan a Buenos Aires. Y es en la capital argentina donde ella, a la par que lo acompaña, le va contando toda la historia de sus vidas.

Demasiados héroes se desarrolla a manera de diálogo. El diálogo entre la madre y el hijo. Mateo pregunta. La madre responde, recuerda, y así todo el pasado se vuelve presente. Habla de desaparecidos, de torturados, de clandestinidad, de resistencia, de los afectos familiares. De amores, de rupturas. Lorenza en este viaje se enfrenta a su pasado y de alguna manera salda cuentas, a la par que su hijo conoce su verdadera historia de vida. Es un libro escrito en un tono totalmente distinto a Delirio, la novela ganadora del Alfaguara.

Laura Restrepo, al igual que Lorenza, es escritora, tiene un solo hijo y fue activa militante de izquierda. Y conoció de cerca la dictadura de Videla, por eso decidió novelarla, dice. Guiños a su propia vida.

A través del teléfono hablaba con entusiasmo de ella, de su libro y de su hijo, al que considera su mejor lector y crítico. Eran casi las cuatro de la tarde, pero lo más intenso de la jornada estaba por llegar. Esa noche, el pequeño de la casa se bautizaría como escritor.

© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados