sábado 04 de julio del 2009 Columnistas

Alfonso Oramas Gross

Las alas del angelito

Celebro una de las lecciones de lo ocurrido en Honduras y es la rápida y oportuna calificación del hecho como un golpe de Estado, evitando los refinamientos que quieren convertir el  coup d’état en sucesión constitucional forzosa. Y señalo esto con énfasis porque es hora de que hagamos justicia a la historia y llamemos por su nombre a los relevos forzosos que se dieron en los casos de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez, toda vez que en su momento aquí se alegó lo mismo que se argumenta ahora en Honduras: que la sucesión era constitucional. En el caso hondureño, Zelaya se consideró superior a la ley, motivando que otros aprovechen el momento y utilicen el tutelaje militar para impulsar un relevo a la fuerza, es decir ilegalidad tras ilegalidad, de la cual nadie se salva. Un déjà vu completo, cuánto nos seguimos pareciendo.

Hay otra lección interesante: inclusive la militante solidaridad que se practica con el presidente hondureño, debe ser modulada de acuerdo con procedimientos elementales en las relaciones internacionales. No hago alusión a la burrada que dijo Hugo Chávez respecto de la posibilidad de responder por la vía armada en el caso hondureño, sino al ofrecimiento realizado por el¿Evidenciarían igual indignación, los mandatarios de la ALBA, si los presidentes depuestos fueran Uribe o García? presidente Correa de acompañar, conjuntamente con la presidenta de Argentina, a Manuel Zelaya en su viaje de retorno a Honduras. Debo anotar que ese gesto puede convertirse en un bumerán de efectos desagradables, con mayor razón si se toma en cuenta que la respuesta popular hondureña parece estar muy dividida, como para asegurar una bienvenida triunfal a Zelaya.

Queda en evidencia que el afán de reelección es, en estos tiempos, la razón fundamental de ser y existir que impulsa a varios presidentes en ejercicio, a actuar y a pensar como soberanos supremos, más allá de cualquier limitación constitucional que exista. Como leía el otro día, quizás no es la ideología, “sino la excelente opinión que tienen los interesados de sí mismo”, lo que hace que gobernantes de derecha o izquierda hagan lo imposible por institucionalizar la reelección. En ese afán, Zelaya llegó al absurdo de pretender utilizar papeletas electorales y urnas procedentes de Venezuela; en otras palabras, el angelito extendiendo sus alas.

En resumen, siendo respetuosos de los procesos democráticos, debemos sentirnos complacidos con la respuesta dada al golpe de Estado en Honduras, reconociendo la oportuna lección otorgada especialmente por los países de la región, los cuales, como pocas veces antes, se han unido para solidarizarse con el presidente depuesto, más allá de que la presión ejercida, al menos hasta el momento, no haya dado resultados. Lo que sí anhelo es que tanto ímpetu y fervor sea una manifestación extendida en el caso de que el presidente depuesto sea de distinta ideología. Me pregunto, ¿se evidenciaría igual indignación por parte de los mandatarios socios de la ALBA, si los presidentes depuestos fueran Álvaro Uribe o Alan García, por ejemplo?

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