Edición del VIERNES 3 de Julio del 2009
Sambo - Logo
EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Nuevas puertas
    En bandeja
    Salud y belleza
    Del momento
    La mirada
    Internacional
    Moda
    Eventos
    Gastronomía con Epicuro
    Decoración
    De boca en boca
    La Cristi
    Ojos bien abiertos
    De Viaje
    Conectados
La Cristi 
Ni desfiles ni corsés
ampliar imagen ampliar imagen

Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
lacristigye@yahoo.com

Bueno, pues, resulta que el mes de julio es de lo más patriota. Los yanquis suelen estrenar una de esas pelis chip de verano en la que ellos logran salvar a la humanidad entera de una catástrofe mundial o algo por el estilo.

Vemos las imágenes típicas de la familia americana haciendo barbacoa en un parque hermoso con el perrito saltando, y los fuegos artificiales nocturnos, complementados por la bandera que ondea y un close up a algún milico que se cuadra y mira al horizonte.

Ese es el estereotipo gringo que se resume a felicidad pura en familia, el amor a la bandera y la tranquilidad y orgullo de que ellos salvan al mundo. En nuestra ciudad, nuestras fiestas julianas se ven o se destacan cosas muy diferentes: el pasillo, el “Saludemos gozosos”, el arroz con moros, el morocho y el patacón; son cinco distintivos fuertes de la ciudad, que se mantienen, que siguen vivos, que hablan de quiénes somos.

Ahora bien… cuando yo era chica, la imagen de fiesta juliana que tengo grabada era la de ver en la tele a las señoras que hablaban de la ciudad con vestido de verbena, léase ochenta capas de tul y encaje, con ceñido corsé y un galante hombre enguayaberado y de sombrero a lado… tal cual Mary Poppins pero a cromática blanca y celeste.

Otros recuerdos de la fiesta juliana eran la redacción en el colegio que le mandaban a hacer a uno y la visita a Las Peñas, que no estaban regeneradas, y lo hacían parar a uno en esos cañones y el clásico profesor de estudios sociales acompañado de su LNS nos narraba la historia de cómo iban mutilando al Héroe Niño, mientras él hasta el final sostuvo la bandera con los dientes.

Hoy en día las celebraciones, gracias a Dios, han cambiado y hay un importante despliegue artístico con el Salón de Julio, al que ojalá lleguen nuevos artistas para que no solo sean ITAE y las exposiciones fotográficas, que fueran mágicas si no se hicieran con la mirada de un viejito triste o de ‘la playita’ que son las clásicas, con grandes fuegos artificiales en el malecón auspiciados por el Muy Ilustre. Se vuelve agradable para todo el mundo festejar las fiestas, la ciudad se torna en un tinte cultural interesante, y es casi mandatario salir a caminar por el centro.

Las escalinatas son un gran acierto en esas fechas, con la parada en Diva Nicotina, en La Paleta y tantos ‘huequitos’ artísticos-bohemios-guayacos-entretenidos que hay.

Quizás ya no tenemos los fervores de los desfiles militares. Sí vamos a la fragata Guayas que se acodera al Malecón; no hacemos barbacoa en los parques, pero siempre sacamos un buen patacón de donde no hay; ya no nos vestimos de colores vivos ni nos embanderamos, pero sí guardamos ese sabroso orgullito local para la ciudad que ahora tenemos.


© Derechos Reservados Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados