Viernes 03 de julio del 2009 Cine y TV

Actos que desafían la muerte

Por Torffe Quintero Touma | torffeqt@gmail.com

Crítica de cine

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Catherine Zeta-Jones encarna a Mary en la cinta El último gran mago.

Que Catherine Zeta-Jones y Guy Pierce (Memento, 2000)  sean muy buenos actores no significa que juntos logren un buen papel. Eso es lo que sucede cuando se los pone a trabajar como pareja.

En la última película de la directora Gilliam Armstrong, Death Defying Acts (Los actos que desafían la muerte, mal traducida como El último gran mago) la química entre los dos es nula. El problema es que justamente la pasión arrebatadora es lo que debe verse, notarse y reflejarse en la pareja que deben interpretar. 

Zeta-Jones demasiado fría para mi gusto, Pierce seductor y convincente pero juntos resultaron cual durazno de piel perfecta aunque desabrido.

En esta cinta, que recoge un aspecto de la vida del maravilloso Harry Houdini y sus escapismos, son los roles secundarios los que opacan a los protagónicos. Magistralmente interpretados por Saoirse Ronan (Benji) y Timothy Spall (Sugarman).

Ella vuelve a demostrar por qué fue candidata al Oscar por Expiación el 2007 y él concentra la atención del espectador en cada una de sus escenas.
La ambientación, lograda desde una cuidadosísima escenografía y un apropiado vestuario es el punto relevante del largometraje. Junto a ello una narración en retrospectiva y una banda sonora de violines bastante bien lograda realzan la historia que Armstrong decidió contar de este ícono de la magia. Y tal como lo escribí entre paréntesis en las primeras líneas de esta crítica, los títulos que intentan españolizar las películas originalmente de habla inglesa, logran una suerte de sabor amargo. 

Estamos frente a una historia de búsqueda desesperada de pequeños instantes entre la vida y la muerte, entre la verdad y la fantasía, que Houdini  inmortalizó con sus escapismos y que Zeta-Jones y Ronan logran en una suerte de ficción-realidad sobre el amor.

Una premisa atractiva con un eje que mueve la fe de quienes tratan de aferrarse a la vida creando falsas verdades. La directora habla de “esos actos que desafían la muerte” y la traducen simplemente como “el último gran mago”, menos de coraje no hemos de sentir. 

La propuesta de la directora carece de efectividad, sin embargo; el espectador no puede identificar esos vacíos internos de los personajes; y los momentos climáticos resultan francamente a una pantomima ingenua y disparatada pese a la carga emotiva que podrían haber tenido. 

El producto final es recomendable, pero desilusiona una Zeta-Jones deslucida.

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