- JUL. 03, 2009 - Foto - Arte y cultura - EL UNIVERSO
DUSSELDORF, Alemania. La coreógrafa y bailarina alemana Pina Bausch durante una conferencia en el Festival Internacional de Danza NRW (North Rhine-Westphalia), en esta ciudad alemana.
AVIGNON, Francia. La alemana Pina Bausch realizó una actuación de su ballet Cafe Muller en 1995, en esta ciudad francesa.
Pina Bausch era una de las más ilustres coreógrafas contemporáneas, y como una forma de tributo póstumo, luego de haber fallecido este martes, su reciente obra, inspirada en Chile, llegará a los escenarios de ese país en la próxima edición del Festival Santiago a Mil, durante la conmemoración del bicentenario de la Independencia chilena, en enero del 2010.
La celebridad de la coreógrafa alemana comenzó en el Metropolitan Opera de Nueva York. Fue considerada la gran dama de la danza contemporánea alemana, con estilo expresionista único, que a sus inicios provocó polémica, antes de ser reconocido mundialmente.
Luego de pasar por el grupo neoyorquino, la coreógrafa de rostro sombrío introdujo el concepto de “danza-teatro” en Alemania y el mundo entero. De esta forma impuso en el mundo del teatro un estilo de danza muy personal, basado en la exageración y la contradicción, mezclando lo inmenso con lo insignificante, tanto en los gestos de los bailarines como en los decorados.
Pina Bausch, cuyo verdadero nombre era Josephine Bausch, cambió el papel del bailarín y dio otra utilización a los objetos, introduciendo en el escenario esquíes, bicicletas, muros y acantilados. Algunos la consideraban una coreógrafa única y sin igual en la dirección de sus temas predilectos, como el miedo o la guerra de los sexos, y destacaban la vitalidad artística de sus obras.
No obstante, sus problemáticas extremistas y sus arquetipos (la histérica, la esclava...) molestaban a otros. “Lo que me interesa no es tanto (saber) cómo se mueven las personas, sino lo que las emociona”, declaró en una entrevista.
Bailarines de todo el mundo frecuentaron su Tanztheater en Wuppertal, Renania, que con el paso del tiempo se convirtió en uno de los templos de la danza moderna mundial.
Pina Bausch alternó la danza con incursiones en el cine, como el papel que desempeñó de ciega a las órdenes de Federico Fellini en Y la nave va o en Hable con ella, de Pedro Almodóvar, donde su danza fue el prólogo de la historia de dos mujeres en coma.
A mediados de junio, Pina Bausch había presentado en Wuppertal su última creación, Tanzabend (Velada danzante), un espectáculo melancólico con un escenario negro, vacío y ritmos lentos.
Ella viajaba con su compañía por el mundo entero y todos los años bailaba en el Théâtre de La Ville de París, donde las entradas se agotaban inmediatamente. Celebró los 25 años de su Tanztheater en 1998 con un festival de tres semanas en Wuppertal, cuna de sus creaciones expresionistas y gloria del ballet alemán.
Allí presentó una muestra de sus ballets, desde los más antiguos a los más recientes, pasando de Ifigenia en Táuride (1974) al Limpiador de ventanas (1997), estrenado en Hong Kong para celebrar la devolución de la colonia británica a China.
Asia la inspiró. En el 2006 se encontraba en India con una parte de su compañía y luego presentó Bamboo Blues, una creación con los colores de India. En Europa, sus viajes la llevaron también a Palermo, Lisboa, Budapest, Estambul. Y de París a Roma y Londres, donde generalmente presentaba sus shows con el teatro lleno.
Mis ex compañeros de Danzasur y yo sentíamos emoción al ver sus videos. Fue admirable que produjera obras hasta el final”.
Ángela Arboleda
En Guayaquil, Sarao es la compañía que hace danza teatro, técnica que ella desarrolló. Su arte influenció en mis creaciones”.
Lucho Mueckay