viernes 03 de julio del 2009 Cartas al Director

Preocúpese por Ecuador

Me pregunto, como seguramente lo harán muchos ecuatorianos, ¿cuál es la diferencia entre la dictadura cincuentenaria de Fidel Castro y la nueva  que supuestamente se estaría instaurando en Honduras?, ¿por qué la una merece aplausos y espaldarazos, mientras que la otra solo ha recibido ataques, críticas y amenazas? ¿Por qué la Carta Interamericana de la Democracia ahora se la  usa para condenar a los protagonistas del golpe de Estado o sucesión forzada en Honduras, pero se la desconoce para abrirle puertas a Cuba en la Organización de Estados Americanos (OEA), o solapar la dictadura maquillada del que se cree dueño de Latinoamérica, Chávez?

La  OEA  habla no solo de casos de golpes de Estado, también formula principios básicos que los gobiernos democráticos deben respetar, como aquel sobre la libertad de expresión, que debe ser considerada componente fundamental de la democracia, so pena también de sanciones. ¿Ha recibido sanción o llamado de atención de la OEA alguno de los presidentes revolucionarios del siglo XXI que atentan contra este principio básico casi todos los días?

Es risible escuchar al dictador Chávez defender la democracia cuando todos sabemos que en Venezuela se abusa del poder cubriéndose con el poderío militar.

Es irónico recordar que Zelaya, promoviendo el regreso de Cuba a la OEA, minimizó la importancia de la Carta Interamericana describiéndola como una “bauzada” en terminología despectiva hondureña, y ahora deba aferrarse a ella para reclamar su regreso al poder. Todos los representantes del “involucionario” socialismo del siglo XXI se han alborotado solo porque son víctimas de un atropello igual o peor del que ellos han sido protagonistas en muchísimas ocasiones.

Claro, ahora está “muy mal” porque es contra ellos. Al parecer, solo los regímenes afines al socialismo del siglo XXI pueden permanecer “democráticamente” en el poder usando elementos antidemocráticos, como el ataque permanente a la libertad de expresión, el despilfarro de dineros del Estado en ilimitada publicidad progobierno y demagógicas dádivas preelectorales, la utilización de violentos grupos de choque auspiciados por sus gobiernos y la concentración de poder en un solo partido que responde a directrices del jefe supremo. Cuando algo parecido pasó en Ecuador por mucho menos, se destituyó a varios presidentes; la diferencia fue que estos  no eran “involucionarios” del siglo XXI.

Este es un buen momento para reflexionar sobre el verdadero significado de la trillada palabra “democracia”. Me dirijo a los seguidores del socialismo del siglo XXI, porque si se siguen prestando para cumplir todos los antojos del jefe de turno  llegará el día en que por conciencia u honestidad intelectual  tengan que discrepar y serán impedidos de hacerlo porque estarán en medio de un sistema autocrático que ellos mismos ayudaron a consolidar, y con toda seguridad ni la OEA ni la ONU los van a ayudar.

Flavio Arévalo,
ingeniero,  Guayaquil

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