viernes 03 de julio del 2009 Columnistas

Pedro X.Valverde Rivera

Defensores de la democracia

A propósito de lo que está pasando en Honduras, y de las mil y una interpretaciones y cuestiones políticas, económicas, militares y demás que el tema implica, hay un asunto que es el que motiva mi columna de hoy: la actuación de los amigos de la democracia.

Hagamos una corta enumeración de los apellidos de estos personajes para saber exactamente de quiénes estamos hablando: Chávez, Castro, Ortega, Correa, Morales, y algunitos otros menos emblemáticos, pero igual de defensores. Supongo que solo con pronunciar estos apellidos vienen a su mente amable lector, así como a la mía, una serie de titulares de periódicos y noticieros que, en un pasado no muy lejano, nos contaron de “profundas reformas legales”, guerras internas, cierre de canales, incautaciones, “revoluciones sociales”, destitución de jueces, clausura de negocios, “tumbada” de congresistas, adoctrinamiento educativo, cambios de textos constitucionales y otras maravillosas actuaciones que respaldan el “amor y devoción” que estos defensores internacionales profesan por la pobre democracia, tan venida a menos en este lado del hemisferio.

Quiero tratar de averiguar junto a usted, lector, usando con respeto las sabias palabras de nuestro querido Cholito: ¿qué mismo mismo significa la democracia? O mejor dicho, qué es lo que esta revolución del pensamiento contemporáneo, que desafía todo concepto sobre el cual se ha basado la convivencia humana en los últimos siglos nos quiere enseñar que ella significa? Parecería ser que –a criterio de estos “superamigos de la democracia”– esta solo es tal, cuando sirve a los fines de quien ejerce el poder; cuando conviene al discurso que se pronuncia en la tarima y cuando coopera para elevar los puntos en las encuestas. Lo demás, dirán los defensores, son puras cuestiones históricas, semánticas, que hacen parte de un camino aburrido de filósofos mojigatos.

Por ello, a estas alturas vale preguntarse también ¿dónde estaban estos mismos defensores cuando unos y otros empañaron los principios de la ahora aclamada democracia, cuando sus propios compadres la pisotearon sin miramientos? ¿Por qué no se reunieron de emergencia cuando los niños de ocho y diez años eran reclutados como combatientes por los sandinistas en Nicaragua? ¿Por qué no corrieron a defenderla cuando se destituyó a varios presidentes también elegidos popularmente en Ecuador? ¿Por qué no sacaron la cara por su pueblo cuando se obligó a los venezolanos a quedarse sin uno de sus canales de televisión más queridos y antiguos? ¿Por qué dejaron que por un capricho electoral corra tanta sangre inocente en Bolivia? Y más grave que eso, ¿dónde estaba el mundo, la OEA, la ONU y todos los otritos (a los que me refería en el primer párrafo) cuando se aplastó con pequeños y grandes saltos a la democracia en otros países como Honduras?

Probablemente en todo lo antes dicho el problema no era tan grave… solo estaban en juego los derechos democráticos del pueblo, pero ahora están en juego los derechos democráticos de los defensores de la democracia. Eso sí es grave. Eso bien vale una reunión urgente del ALBA y varios viajes presidenciales. Con eso sí que no se juega. El pueblo puede esperar, pero los defensores necesitan defenderse. Que nadie ataque a la democracia, no vaya a ser que se desmorone como castillo de naipes todo lo que les ha costado tantos millones ajenos, construir en esta pobre América que no termina de despertarse.

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