El segundo mandato del Gobierno, que se inaugurará el 10 de agosto próximo, puede convertirse en un momento decisivo para que el Ecuador profundice en sus propósitos de transformación, ya que los pasos de los actores de la política gubernamental estarán guiados por la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo, entidad que provee la lógica sobre la que se asienta el trabajo del equipo gubernamental y que, por tanto, es en parte responsable de que se concreten las realizaciones que la gran mayoría de ciudadanos están esperando para que sea palpable el hecho de que ya vivimos en una era diferente. La planificación ocupa un espacio medular del cambio que se libra desde el Estado. Los pueblos, para avanzar, según Senplades, necesitan planes consensuados y conocidos que marquen la dirección de la ruta.
Por estos días se afina la Estrategia Nacional de Desarrollo que se pondrá en discusión en varios niveles de la sociedad y que deberá constituirse en la brújula de las principales acciones que emprendamos como país. El ánimo de esta estrategia está basado en el futuro, en medio de la comprensión optimista de que con decisión política y riguroso conocimiento de la realidad se producirán adelantos efectivos para erigir un país que verdaderamente nos cobije con mejores oportunidades para todos. El asunto fundamental es modificar las formas en que se ha producido la riqueza en el país; para ello se precisa una real revolución educativa, incluida la educación superior, puesto que será determinante el papel generador de ciencia y tecnología que cumplan las universidades.
En la estrategia se ha planteado que modificaciones contundentes en el agro, la seguridad social y la salud, así como la creación de nuevas industrias en las áreas petroquímicas, de bioenergía y biocombustibles, metalmecánica, biomedicina y farmacéuticos genéricos, entre otras, serán indispensables en el país del futuro. El retode la planificación es mayúsculo, pues se trata de dar vida a las utopías acercándolas a las realidades cotidianas. Ningún cambio es fácil; lo sabemos en nuestros espacios familiares y laborales. Pero la palabra de los funcionarios de Senplades es firme y serena, basada en el análisis y es un estupendo referente ya que proporciona una cierta seguridad de que, más allá de los barullos en que normalmente cae la actuación política, hay un conjunto de personas que han asumido el deber de pensar el mañana como parte de un compromiso histórico.
El desafío para todos está planteado: si se trata de establecer un gran pacto nacional para dejar de ser un país primariamente exportador, y proponer otro modelo con una economía racional y más solidaria con los territorios del país, la búsqueda de consensos por medio del diálogo se convierte en un mecanismo prioritario. Se trata de una lucha en contra de costumbres largamente establecidas pues, finalmente, lo que busca esta estrategia es proponernos formas alternativas de vivir y de repartir los recursos para que se anulen las brechas oprobiosas que existen actualmente entre los habitantes. Que prime, entonces, este ambiente de conversación razonada que se preconiza, pues enfrentamos la apuesta colectiva de edificar valores culturales renovados que afectan la manera en que se producen y se distribuyen las riquezas en el país.