No siempre el golpe de Estado se da contra el Ejecutivo. También se llama así, según el Diccionario Jurídico, la absorción por el presidente de la república “de la Función Legislativa y sojuzgamiento de la Función Judicial”.
En Ecuador, el presidente Correa dio un golpe de Estado. Y también en Ecuador el Congreso dio antes golpes de Estado contra los ex presidentes de la República Bucaram y Gutiérrez. En Honduras, fue el presidente de la República Zelaya quien dio el golpe, al intentar realizar un acto electoral no autorizado por la ley. Esto fue suficiente para justificar su destitución, pero con mejor argumento porque según él confesó, mediante ese acto prohibido por la ley hondureña se proponía convocar a una Asamblea Constituyente que reformara la Constitución y le permitiera ser reelegido.
Es esencial a la democracia, la alternancia en el poder, y la reelección lícita solo se concibe en América Latina pasando un periodo. Chávez y Correa han enseñado y confirmado que la forma incuestionable de alcanzar la dictadura es por medio de un acto democrático, precisamente la consulta popular; que por eso solo debe estar autorizada en casos excepcionales, si queremos preservar el régimen democrático en América. Pero el ex presidente de Honduras, ya fuera de la ley, fue más lejos ante la negativa de las FF.AA. a participar en el acto electoral prohibido por la ley; no solo que destituyó a su jefe sino que fue al cuartel a retirar el material electoral para realizar el acto a la fuerza por sí y ante sí. Después alegaría que una mayoría había respaldado la convocatoria a la Asamblea Constituyente, etcétera.
Esto es lo principal. Lo que desfigura el acto legítimo del Congreso hondureño es la conducta final del Jefe del Ejército, que en vez de cumplir la orden de encarcelar a Zelaya lo expulsa del país. Pero una cosa es sancionar al alguacil, guardia o soldado por sus excesos al ejecutar la orden de capturar al reo y otra cosa es imponerle a un país, cuya principal manifestación democrática es el Congreso Nacional, que revoque su destitución, pretensión que es imposible. ¿Qué efecto u objeto tiene reingresar a Zelaya a Honduras si el Congreso Nacional de ese país por unanimidad lo destituyó?
Ha sobrevenido un escándalo internacional impulsado por el terror de los gobiernos dictatoriales de que les acontezca lo mismo. No se ha oído nítidamente a Brasil, Colombia, Perú y otros países. Según los gobiernos comunistas, hay que respetar la autodeterminación de Cuba, pero no de Honduras. Los países europeos deben tener presente que la sustitución de un presidente por parte de un Congreso es lo que ellos consideran legítimo en su régimen parlamentario, y esto es lo que ha ocurrido en Honduras.
El “golpe” de Honduras no ha producido ni una víctima ni su beneficiario es un militar. Y su objetivo es que se cumplan las elecciones presidenciales previstas para fines de este año. Ningún otro gobierno puede intervenir en Honduras. La llamada del presidente Correa a que se levante el pueblo de ese país es ilegítima, y en parte suya será la responsabilidad si sobreviene derramamiento de sangre. Este ha declarado que personal y recientemente aconsejó al ex presidente hondureño sobre la Asamblea Constituyente. Consta que Venezuela envió el material electoral.
Faltan tan pocos meses para que Honduras elija nuevo Presidente, que ese país puede soportar un breve periodo de aislamiento con tal de defender su voluntad nacional.
Jaime Damerval,
abogado, Guayaquil