jueves 02 de julio del 2009 Cartas al Director

Clima político en Honduras

Honduras tiene sus venas abiertas, como todos los pueblos latinoamericanos que siguen buscando respuestas a sus requerimientos históricos, pero el caso hondureño es más grave: el país se ve en medio de una crisis política desoladora.

Los representantes del  stablishment  hondureño llevaron a cabo un golpe de Estado militar contra el presidente Manuel Zelaya, para impedir que se pregunte al pueblo sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente, a través de una encuesta no vinculante. Fueron las fuerzas políticas temerosas al cambio las que depusieron al mandatario con la complicidad del Ejército. Después orquestaron en el Parlamento una parodia para justificar el golpe, y con un descaro infinito destituyeron a Zelaya por abandono de cargo. ¡Pero si fueron ellos los que expulsaron al presidente tras secuestrarlo y someterlo con las armas!

También secuestraron y agredieron a la Canciller y a los embajadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Bloquearon las señales de los medios de comunicación que informaban sobre el golpe y solo dejaron al aire novelas y programas de gastronomía. ¿Cuál es el límite de una derecha desesperada? ¿Hasta qué punto los principios de la democracia pueden ser manipulados y tergiversados? Es claro que después de dictaduras autoritarias y gobiernos civiles corruptos en América Latina, todavía hay sectores que no logran comprender el significado de la democracia.

¿Cómo es posible que no se permita al pueblo, real soberano de la nación, emitir sus opiniones y sobre todo expresar su voluntad en cuanto a su propio futuro? ¡Qué equivocados están los que piensan que la democracia se reduce a elecciones periódicas y qué descarados son los pretextos de la derecha para no perder su dominio político frente a una ciudadanía que está comenzando a participar y a exigir cambios profundos! Y en ese sentido habría que preguntarle a Michelleti, nuevo protector de los poderes fácticos, y a la Corte Suprema, ¿qué legalidad puede tener la expulsión del legítimo Presidente de la República, su sometimiento por parte de militares armados y su posterior destitución absurda? ¡Hasta se inventaron una carta de renuncia!

Para marginar la indignación ciudadana, incluso llegaron al autoritarismo de imponer un toque de queda. La comunidad internacional, desde Chávez hasta Obama, han repudiado las acciones temerarias emprendidas en contra del Estado de Derecho y del régimen constitucional en Honduras.

Creo que esta será la prueba de fuego para la comunidad internacional, demostrar que más allá de los fervores de la ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), los pueblos de este continente estamos dispuestos a cambiar el destino que nos impusieron los defensores del  statu quo,  que no vamos a tolerar los caprichos de una clase política que por décadas fue incapaz de garantizarnos condiciones de vida dignas, y que sobre todo nada podrá detener a los ciudadanos organizados en su decisión de cambiar la historia.

Zelaya es uno de los muchos hombres y mujeres que encendieron el fuego del cambio en Honduras, ahora esa llama será indetenible.

Miguel Molina Díaz,
Quito

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