Como ciudadano de este país, en ejercicio de todos mis derechos como tal, y para nada aislado del resto del mundo sino más bien dentro de él, manifiesto mi repudio por lo que en estos momentos sucede en Honduras.
Independientemente de lo que ha hecho o dejado de hacer el Presidente de ese país, el único llamado a destituirlo es el pueblo que lo eligió, y esto a través de los mecanismos legales que deberían aplicarse. Lo que sucede y que se está mostrando en la prensa recuerda terribles momentos vividos por nuestro propio Ecuador cuando las armas prevalecieron sobre la razón. He visto actitudes brutales de individuos con casco (vacíos seguramente) apuntando con las armas a sus conciudadanos, a sus hermanos hondureños, a seres humanos como ellos. ¡Terrible actitud la de los uniformados! El rechazo, por lo que conozco, es unánime. Nadie quiere guerra; nadie más que los interesados en ellas. Nadie quiere conflictos. Todos queremos y ansiamos la paz; utopía mundial.
¡Cuidado, cuidado, estamos a la vuelta de reeditar viejas mañas políticas por demás conocidas, que al ver afectados sus intereses se valen de la fuerza militar, de los soldados, de las armas de estos pagadas por el pueblo, para luego ser utilizadas en contra de ese mismo pueblo. No sería la primera vez que se da algo como eso! Soldados de Honduras, reflexionen, están a tiempo; siempre se está a tiempo cuando se quiere. ¡Cuidado son una vez más utilizados, y volcados en contra de sus propios hermanos hondureños!
Francisco Silva,
abogado, Guayaquil