domingo 28 de junio del 2009 Editorial

Racismo

El racismo no es un problema ético solamente. Tiene implicaciones económicas,  porque al contrario de lo que se cree, no es una consecuencia sino una causa más de nuestro atraso y subdesarrollo. Veamos por qué:
La sola idea de que alguien pueda ser superior a otro dependiendo del color de su piel impide que los más capaces, eficientes e innovadores triunfen.

Durante décadas, el racismo justificó la existencia de formas obsoletas e ineficientes de producción como el concertaje, el huasipungo o la aparcería.
El racismo impide la expansión de un solo mercado nacional al fragmentarse la demanda en nichos violentamente separados.

El racismo genera racismo y cuando eso ocurre todos los males anteriores crecen exponencialmente.

El ataque en un restaurante de Guayaquil, días atrás, contra un admirado jugador de fútbol, demuestra que el racismo sigue siendo un cáncer que consume las reservas morales del país e impide nuestro desarrollo económico.

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El racismo no es un problema ético solamente. Tiene implicaciones económicas, porque al contrario de lo que se cree, no es una consecuencia sino una causa más de nuestro atraso y subdesarrollo.

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