domingo 28 de junio del 2009 Columnistas

Manuel Chiriboga Vega mchiriboga@rimisp.org

Las lecciones de Irán

¿Qué pasó realmente en Irán? ¿Las protestas de centenas de miles de personas por unos resultados electorales que consagraron a Ahmadineyad como presidente fueron resultado de una manipulación de las grandes potencias occidentales o fueron producto de la indignación por unos resultados aparentemente manipulados? Los presidentes de la ALBA se han apurado a tomar partido a favor de la versión oficial, que culpaba de lo acontecido a Estados Unidos y Gran Bretaña. ¿Pero fue eso lo que sucedió?

¿Cómo surge Moussavi, el candidato aparentemente estafado y quién lo respalda? Para responder  esta pregunta hay que considerar, como lo hace el filósofo Ramin Jahanbegloo, profesor de la Universidad de Toronto, dos nociones de soberanía presentes en Irán, la una divina y crecientemente teocrática y por lo tanto teología política, y otra popular, inscrita en las redes sociales y en la acción política de la sociedad civil, moderada, democrática y abierta al mundo. Sus líderes provienen ambos de la revuelta contra el sah y su gobierno, de ninguna manera Moussavi representa el pasado o el antiguo régimen, se trata de dos apuestas de futuro.

La crisis actual refleja la demanda de jóvenes y mujeres, especialmente urbanas por mayor nivel de democratización. Ellos buscan mayor libertad individual y alejarse de las fuertes restricciones religiosas que imponen los líderes teocráticos. Estos determinan cómo vestirse, limitan la utilización de la internet o ser candidatas. Una policía religiosa vela por su cumplimiento.

Ninguna de las mujeres que aspiraban a la presidencia fue autorizada por el Consejo de Guardianes de la Revolución y en cualquier concentración política mujeres y hombres tienen lugares separados. Las restricciones a la libertad de información fueron contrarrestadas por jóvenes utilizando celulares e internet.

El apoyo a Ahmadineyad refleja más bien el uso perseverante del clientelismo y el populismo político que según el sociólogo Kian, de la Universidad de París, disparó el gasto público y ha secado las reservas financieras del Estado. Los recorridos semanales del Presidente iraní eran ocasión de repartición de todo tipo de ayudas y bonos. Kian señala que la consecuencia ha sido la monopolización de la economía con finalidades políticas y clientelares, el aumento del desempleo, especialmente entre los jóvenes, la salida de capitales, a pesar de ingresos petroleros por más de 75 mil millones de dólares anuales.

A ello se agrega un control férreo de las instituciones estatales que se expresa no solamente en el apoyo incondicional del guía supremo, el religioso Khamenei al Presidente candidato a la reelección, sino en el control de la teocracia sobre el Consejo de Guardianes, el organismo electoral de ese país. Este está compuesto por seis líderes religiosos nombrados por Khamenei y seis juristas elegidos por la Corte Suprema y ratificados por el Congreso. Difícilmente este Consejo se pronunciaría en forma diferente a lo que determinó el guía supremo en su sermón del viernes 19 de junio, en una de las mezquitas de Teherán: las elecciones fueron limpias.

Una tercera causa de la rebelión e inconformidad es la corrupción que ha permitido a una pequeña élite acumular enormes riquezas. Esta envuelve en muchos casos a hijos y parientes de los líderes religiosos. Fue el caso de Shahram Jazayeri y Nasser Vaez-Tabasi, ambos hijos de ayatolás, ambos encausados y condenados, ambos perdonados por el Estado.

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