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Edición del DOMINGO 28 de Junio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Soporte Emocional
La depresión posparto y sus efectos en el niño
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Dr. Lenin E. Salmon | lsalmon@gye.satnet.net

Dar a luz, sobre todo para una madre primeriza, es sinónimo de realización completa y culminación de uno de los propósitos principales de la vida matrimonial.

Es uno de los eventos más felices en la vida de una mujer, y todo alrededor de ella es una manifestación de regocijo por tan feliz acontecimiento. ¿Por qué, entonces, un buen número de estas madres expresa  sentimientos tristes y acciones negativas justo en esta época de celebración? A este tipo de reacción, totalmente involuntaria y a menudo de carácter muy serio, se la conoce como depresión posparto (DPP).

No hay que confundirla con las normales fluctuaciones emocionales asociadas con los cambios hormonales propios de la  maternidad, que usualmente se presentan durante las dos primeras semanas y afecta aproximadamente al 85% de las mujeres. Sin embargo, un sector de estas nuevas madres (alrededor del 13%) es altamente susceptible a dichas variaciones hormonales que, en combinación con otros factores, las pone en riesgo de desarrollar la reacción depresiva.

En la DPP los cambios emocionales son más severos, más variados y duran más tiempo. Usualmente van acompañados de reacciones ansiosas y depresivas, de dudas acerca de su capacidad para atender al niño, de temor a hacerle daño, o de inseguridad sobre recuperar su figura y atractivo físico. En un número de ellas se manifiesta como descuido en su aspecto y cuidado personales, o en una marcada desatención (en casos extremos, hostilidad) hacia el niño, usualmente seguido de profundos sentimientos de desvalorización y culpa.

En muchas mujeres se comienza a configurar un miedo a no poder manejar su realidad y en algunas aparecen recurrentes pensamientos suicidas. Es más común en madres primerizas, o que han tenido una historia de depresión, o de síndrome pre-menstrual, o si el embarazo no fue planeado, o si tuvieron DPP en sus partos anteriores (en este último caso la probabilidad es del 50%). Factores que contribuyen a esta posibilidad incluyen partos traumáticos o prematuros, enfermedades o estrés durante el embarazo, o falta de apoyo conyugal o familiar.

Si bien es cierto que los efectos de la DPP limitan mucho la eficacia de una mujer en su manejo personal, conyugal, social, etcétera, su influencia sobre el desarrollo emocional del niño puede ser catastrófica. Al comienzo de su vida el niño depende absoluta y exclusivamente de su madre. De ella recibe todo lo que necesita: alimentación, abrigo, cuidados, cariño.  Es una relación de contacto físico y emocional en su máxima expresión, que permite que se establezca una sincronía completa entre la vida de la madre y la del niño, y es la base de su sensación de seguridad.

La apatía, irritabilidad, desesperanza, sentimientos de culpa, fatiga perenne y actitudes agresivas reprimidas que caracterizan a la madre depresiva le impiden satisfacer las necesidades básicas del niño, causándole un gravísimo daño a su formación emocional (creando pasividad, ansiedad, temor, baja autoestima), cognitiva (por lo general se demoran en hablar y caminar, y es más probable que desarrollen problemas de aprendizaje), conductual (agresividad, hiperactividad, problemas para dormir, rabietas), social (dificultad para hacer amigos, aislamiento social). También, por supuesto, es más probable que desarrollen depresión.

Lo ideal es identificar sus síntomas lo más pronto posible; por esto, si la nueva madre comienza a perder el placer de realizar sus actividades diarias, o las relacionadas con el niño, o experimenta sensaciones de vacío y ansiedad, pierde el apetito, desarrolla problemas para dormir, tiene dificultad para concentrarse, se siente culpable por todo lo que ocurre a su alrededor, o piensa que todo andaría mejor si desapareciera, lo más probable es que se esté configurando la DPP. Lo prudente en este caso es buscar ayuda de inmediato.

Cuando no se la trata, la DPP puede durar un año, a veces más. Si bien es cierto que no se la puede evitar, sí se pueden atenuar sus síntomas. La forma de tratamiento es la misma que para la depresión común, incluyendo psicoterapia, terapia hormonal, consejería matrimonial. El uso de medicinas debe ser considerado como un recurso extremo si la madre está dándole de lactar al niño.

Adicionalmente es necesario que la madre se ayude a combatir la depresión hablando con amistades cercanas, dándose descansos periódicos, aliviando su trabajo con ayuda doméstica, apreciando cada pequeño resultado positivo que logre alcanzar, y recibiendo de parte del marido y otros hijos apoyo físico y emocional.


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