jueves 25 de junio del 2009 Columnistas

Emilio Palacio epalacio@eluniverso.com

Mañana radiante

No sé por qué el día de ayer me pareció tan hermoso. Quizás sea porque en la mañanita, cuando salí a trotar, el cielo estaba radiante, los niños del barrio partían a la escuela y saludé con amables vecinos que también caminan o corren a esas tempranas horas.

“What a wonderful world!”, cantaba Louis Armstrong. ¡Qué mundo maravilloso!, es cierto; pero yo diría también –¿seré chovinista?– ¡qué país maravilloso este, donde los dictadores no se perennizan y tarde o temprano encuentran la horma de su zapato! ¡Qué maravillosa tierra esta donde la democracia se empeña en renacer de sus cenizas!

El común de la gente acostumbra ver los escenarios políticos como fotografías, como imágenes congeladas, sin pasado ni futuro. Por eso nos suele infectar el pesimismo. Correa ganó las elecciones. Qué miedo. El ciudadano educado políticamente, en cambio, no se contenta con ver la foto, mira la película: de dónde venimos, dónde estamos y adónde podríamos llegar.

Te propongo que hagamos juntos el ejercicio.

Venimos del presidente más popular desde Jaime Roldós, más temido desde León Febres-Cordero y más insultador desde Abdalá Bucaram.

Venimos de aguantar las patadas y las ofensas de un partido totalitario “monolíticamente unido” (como diría el Jefecito Stalin).

Pero dos o tres acontecimientos podrían estar cambiando la situación.

Primero las elecciones que tanto asustan a los pesimistas. Correa ganó, es cierto, pero también hay que decir que perdió un millón de votos con respecto a la consulta anterior.

Luego la valiente reacción de los maestros cuando los amenazaron con dejarlos en la calle para repartir sus cargos entre el febresborjismo, ese fósil decrépito que sobrevive con el correísmo. Ayer, miles de maestros desfilaron en Guayaquil.

Después, la espontánea solidaridad de decenas de periodistas y miles de ciudadanos con Teleamazonas.

Y por último la prensa –la que no se deja intimidar– que nos está revelando, a capítulo por día, los secretos más sorprendentes del clan del Gran Jefe  boy scout,  fervoroso cristiano, incapaz de permitirle a su hermano mayor (tesorero de su campaña) que tome un centavo que no sea para agasajar a diputados de los manteles.

Todo esto ha fraccionado a Alianza PAIS, que hace milagros para no terminar de dividirse. (¿Se fijaron que el buró del partido monolítico ya casi no se reúne?).

Los autores de estas pequeñas victorias, si se concretan, no serán Nebot, ni Lucio, ni Alvarito; sus protagonistas no serán los eternos “salvadores” de la patria sino ciudadanos comunes, como tú, que están haciendo fracasar dos de los objetivos más acariciados por el régimen: controlar políticamente a la UNE y cerrar  Teleamazonas.

¡No es para amar a este país! ¡No es para quererlo hasta el fondo del alma!

No digo que el correísmo haya llegado a su fin, no me malinterpretes. No digo que sea el comienzo del fin. Solo es el fin del comienzo. Correa ya pasó su cenit, el punto más alto de la parábola que traza cualquier proyectil inerte. Si los maestros derrotan a Correa, si el Conartel no cierra  Teleamazonas  y, sobre todo, si todos perdemos el miedo ahora, la curva comenzará a apuntar hacia abajo. Estoy convencido de que así será.

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