El ALBA es más un club de simpatizantes de Hugo Chávez que una alianza de naciones. Tanto es así que los países que la integran no han elaborado acuerdos comerciales, económicos, técnicos, culturales, o de cualquier otra naturaleza, que fortalezcan su integración práctica. Su único punto en común es oponerse retóricamente a las naciones industrializadas y promover la simpatía hacia grupos violentos bajo el liderazgo del Presidente de Venezuela.
No por gusto fue Chávez quien nos informó a los ecuatorianos y al mundo que nuestro país ingresaría a este club.
¿Qué gana el país con ingresar a un organismo que existirá solo mientras se mantenga la postura ideológica de sus actuales gobernantes? ¿Por qué el ‘Congresillo’ no ha pedido información y menos aún ha debatido y se ha pronunciado sobre una resolución tan polémica? ¿Debe el Ecuador dejarse arrastrar por una moda ideológica en sus relaciones internacionales?
Son preguntas que por ahora no tienen respuesta.