Cuanta mayor atención y recursos entregue el Estado a la educación primaria, tanto mayor será, a la vuelta de pocos años, el crecimiento económico del país. Elevar la calidad de la educación en los primeros años de escuela, repercute no solo en aspectos decisivos de la vida futura de los estudiantes, sino también en aspectos fundamentales de la vida del país. Esta sencilla relación entre calidad educativa y resultados a mediano y largo plazo, ha sido estudiada en varios países y –lo que es más– ha servido para implementar correctivos y trazar políticas apropiadas por parte de los gobiernos. Diversas investigaciones han permitido establecer un ranking internacional en la calidad de la educación primaria. El primer puesto lo ocupa Finlandia, el segundo Corea del Sur. Ambos países dedican ingentes esfuerzos y recursos a la educación de sus niños.
Como advierte un lector de mi columna, según el informe de McKinsey and Company titulado: “El impacto económico correlativo al nivel educativo de las escuelas de Estados Unidos” se ha constatado que bajos rendimientos estudiantiles acarrean para los educandos consecuencias a futuro tan graves como una seria disminución de sus ingresos, pobre salud, e incluso aumento en índices de criminalidad. Un bajo rendimiento a nivel tan temprano como el cuarto año de primaria, conlleva estadísticamente una baja tasa de graduación del colegio y la no obtención de títulos universitarios, lo cual a su vez afectará los ingresos de aquellos escolares. Se calcula que si en Estados Unidos sus estudiantes secundarios tuvieran los niveles de Finlandia o Corea del Sur, la economía norteamericana sería de 9 a 16% más grande.
En América Latina se han realizado dos investigaciones sobre la calidad de la educación escolar. La última del 2006: “Segundo estudio regional comparativo y explicativo (Serce)”. Se han evaluado 188 planteles de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, República Dominicana, Nicaragua, Panamá, México, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay, Chile y Brasil. Nuestro país se encontraba en los últimos lugares, junto con Guatemala, Panamá, Perú y Paraguay.
Muchos asumen que las deficiencias educativas hasta el tercer grado de primaria pueden corregirse en años siguientes, pero la experiencia demuestra que no es así y que más bien se condena al estudiante a mantenerse en niveles bajos de empleo e ingresos. Es frecuente, entre nosotros, que se asigne a los primeros grados profesores principiantes o aquellos que no destacan en su capacidad docente. Empero, mientras menor es el niño, mayor es su capacidad de asimilación. Si se desperdician esos años, se inflige un severo daño al niño, a su futuro, y también, como se ha visto, a la economía del país. Se trata de procesos irreversibles.
Los niños representan el más formidable recurso humano de que disponemos, y una educación de calidad para ellos resulta en un mayor crecimiento económico del país: es lo que no podemos, no debemos desperdiciar.