martes 23 junio Columnistas

Leonardo Valencia correo@leonardovalencia.com

¿Por qué mueren los castaños?

BARCELONA, España

La segunda muestra de cine ecuatoriano de Barcelona ha sido un éxito. Se llevó acabo del 11 al 15 de junio en el cine Verdi, una de las mejores salas de la ciudad catalana. Contó con buena difusión en prensa, divulgó las filmografías de cineastas contemporáneos conocidos y obras de circulación restringida, entre las que encontré una verdadera revelación, el ensayo
cinematográfico de Tito Molina, titulado ¿Por qué mueren los castaños?

En noventa y tres minutos de duración se muestra el reencuentro de la protagonista, Arola, con su familia. Ella es catalana, profesora de fotografía y ha vuelto a su país luego de una estancia en el extranjero. Rastrea su pasado a partir de las imágenes que sobreviven del archivo familiar y de materiales de derribo como el castaño tutelar de la familia. Arola comprende, luego de su largo viaje, que se abren caminos y tiempos distintos para quien se va y para quien se queda, pero que es posible el reencuentro sin que uno se anule ni someta al otro. Esto se percibe en la historia del hermano de Arola, que no se marcha del ámbito familiar.

La técnica de Molina consiste en apostar por la impronta de la luz y de las imágenes como una manera de revelar con plasticidad artística lo que corre el riesgo de simplificarse en una trama. Se arriesga a reflexionar en la misma obra sobre la transformación de la realidad que produce el arte –en la fotografía y en el cine–, y permite que de la observación de varios motivos surja la articulación de la historia. Molina trabaja con un guión abierto, lo deja configurarse en la marcha.

Curiosamente, no aparece ningún ecuatoriano. No se ve ni una sola imagen de Ecuador. Tampoco lo necesita. Sin embargo, revela con sutileza algunos motivos del imaginario ecuatoriano. Uno de ellos es la memoria individual como fundamento crítico frente a la identidad nacional. También es la interrogación creativa de un cineasta que, luego de vivir algunos años en España, encuentra en un tema ajeno algo propio. A fin de cuentas, la historia de Arola es la historia de un retorno y de un aprendizaje del exilio. Es importante destacar esto, porque el cine, como la novela, al basarse en narraciones, siempre están sujetos a mediaciones ideológicas que legitiman simplificando –por nación, por idioma, por género– y que los mejores creadores relativizan. Eso lo enfrenta a un nuevo problema. Su obra es inclasificable porque no busca esa legitimación.  ¿Por qué mueren los castaños?  tiene personajes y escenarios catalanes, pero al no ser completamente hablada en catalán no ha encontrado los recursos para difusión en Barcelona. Lo que nos muestra que el nacionalismo, valga la paradoja, es un problema universal. No sé lo que pueda ocurrir en Ecuador.

Molina no hace patria, hace cine de primer nivel, y ya ha tenido reconocimientos como el Gran Premio del Festival Internacional de Bilbao, de 2007, por su corto  El niño y el mar. Esas legitimaciones nacionales, sospecho, no le importan tanto a Molina. Está creando su propio espacio, un mestizaje entre cine y documental, entre dos mundos, entre memoria e invención. Hay que prestarle atención.

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