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| Mayorcitos en la U |
Su etapa colegial pasó hace muchos años, ellos sabían que no se encontrarían con ninguno de sus compañeros de graduación en las aulas y que someterse a un régimen académico sería difícil, pero lo intentaron y ahora cosechan éxitos.
Magna Cum Laude a los 57 Alicia Jalón de Torbay se graduó del bachillerato con mención en secretariado ejecutivo, empezó a trabajar y años después se casó.
Ella se describe como una persona inquieta por conocer y aprender, realizó varios cursos de idiomas y de trabajos manuales y artísticos como actividades en cerámica y vidrio, pero postergó sus estudios académicos a través de los años.
También asistió a cursos de historia del arte, donde las enseñanzas estaban separadas por las diferentes corrientes en cada época y lugar. Así, hasta que se enteró de que la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES) iniciaría la carrera de Licenciatura en Arte. Tomó la decisión. “Esta es mi oportunidad”, se dijo.
Con un poco de nerviosismo y temor preguntó en la institución. Relata que la atendieron muy bien, aunque sí notaba que algunas personas se extrañaban de que una persona mayor se interesara por una carrera de pregrado, y muchos de los estudiantes que transitaban por el sitio creían que ella era una nueva profesora.
El primer día de clases ella esperaba encontrarse con jóvenes veinteañeros, y lo hizo, pero en la especialidad que ella escogió, Mención en Historia del Arte, la mayoría de sus compañeras pasaba los 35 años. “Esto me hizo sentir un poco más cómoda, aunque la relación con los jóvenes también fue muy grata. Tal vez a ellos se les hizo extraño al principio, pero después nos acoplamos muy bien”.
Pasaron seis años de asistir a la universidad, y a la espera de conocer la fecha de su graduación, la noticia llegó premiada: Alicia obtuvo el mejor promedio de toda la universidad en la promoción 2007-2008. Esta mujer de 57 años, también guía de la organización laica católica Talleres de Oración y Vida y ahora estudiante de un diplomado en Teología, cuenta que recibió la mención Magna Cum Laude (traducción del latín: Con Grandes Alabanzas), que se otorga por la excelencia académica, y entre la ovación de sus compañeros dio el discurso en representación de todos, en el que enfatizó que lo primordial es querer aprender. (G.J.)
Mejor promedio Rigna Ramírez, más conocida por sus compañeros de aula como ‘La mami’, obtuvo el título de Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Guayaquil en diciembre pasado y su promedio estuvo entre los diez mejores. Tiene 61 años, es cantante profesional y ha trabajado junto con Elio Peláez en cortos y largometrajes. Cuenta que se casó a los 16 años y para ayudar con la economía del hogar se dedicó a vender bocaditos, trabajar en el área de la enfermería, la modistería e incluso tiene título de chofer profesional. Cuando cuatro de sus cinco hijos fueron profesionales, decidió emprender los estudios universitarios que había postergado por tantos años a la par de su último hijo. Trabajó como locutora de radio y sabía que la comunicación era lo suyo. Hizo el preuniversitario y su carácter extrovertido le hizo ganar el aprecio de sus compañeros que continúan llamándola ‘mami’ si la encuentran en algún lugar. Rigna tiene previsto realizar una maestría el próximo año y considera que su edad no es ningún impedimento.
Odontólogo como su hijo Silvino Tomalá siempre quiso ser odontólogo y al fin está a punto de conseguirlo. En 1992 empezó su carrera, pero un año después su hijo mayor debía comenzar los estudios universitarios y Silvino se retiró por cuestiones económicas. En el 2004, cuando dos de sus tres hijos ya obtuvieron sus títulos, este hombre que laboró como sastre más de 20 años regresó a las aulas. Con 54 años, él madruga cada día para iniciar las prácticas de 07:00 a 13:00 y continuar con las clases del último año, de 14:00 a 19:00. Dejó de trabajar y tanto sus hijos como su esposa lo apoyan para que cumpla las tareas. Él enfatiza que para aprender es necesario tener un propósito claro, estar dispuesto a esforzarse y a superar barreras.
Segunda profesión Margoth Toral recibió su título de profesora de segunda enseñanza de la Facultad de Ciencias de la Educación en 1997. Ejerció por unos años, pero su actividad artística (es cantante en el dúo Las hermanas Toral) hizo que se retirara de las aulas. Hace tres años tomó la decisión de estudiar leyes en la Universidad de Guayaquil. “El ser humano nunca deja de aprender, volver a ser alumna no es fácil, pero el apoyo de mi hija ha sido fundamental”, dice la futura abogada de la república de 46 años.
Compañero de sus alumnos Le dicen “el Rurro”, por las primeras sílabas que conforman su nombre, Rubén Rodríguez. Él tiene 64 años y forma parte de las primeras camadas de profesores de la carrera de diseño gráfico de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol). La profesión se estaba iniciando en la ciudad y los entendidos en la materia tenían formación empírica. Desde hace once años aproximadamente ejerce como profesor, pero hace cuatro le exigieron un título universitario, y regresó a las aulas junto con algunos que eran sus alumnos en calidad de compañero. “Ser profesor y alumno tiene desventajas, porque todos están a la expectativa de los trabajos, de las exposiciones y calificaciones que uno obtenga”, dice Rubén. “Pero hay muchas satisfacciones y el feeling que tengo con los estudiantes hizo de esta una muy buena experiencia”. Está preparando la sustentación de su tesis de grado e inició estudios de cuarto nivel.
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