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¿Quién es morboso?
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¿Qué tipo de situaciones incitan a la morbosidad?

Texto: Sheyla Mosquera de Calderón

Este aspecto turbio de las personas siempre está presente en la sociedad, pero depende de cada quien ponerle freno si se siente agredida.

Cada vez que Stefanía, de 24 años, ve que José, de 37, se le acerca, prefiere cambiar de ruta. A pesar de ser por años su compañero de trabajo, jamás ha dejado escapar el momento para saludarla con un beso cuando la ve y fijar su mirada en sus senos. “Es como si me desnudara y eso me hace sentir incómoda”.

En cambio, Carlos, de 60 años, un desempleado, cree que el ser morboso no tiene nada de malo. “Yo no dejo pasar la oportunidad de mirar lo hermoso que es el cuerpo de una mujer. Todas me gustan. Mi mujer siempre me reprocha que por ser un mirón siempre las empleadas domésticas se le van”.

Pero ¿qué significa ser morboso? La palabra morbo viene del latín morbus, que equivale a enfermedad, y la otra acepción es el interés malsano por personas o cosas. El psiquiatra-sexólogo Germánico Zambrano dice que en nuestro medio, la morbosidad se refiere al interés, deseo o activación de tipo sexual al mirar o referirse a los aspectos sexuales, pero de manera exagerada, imprudente u ofensiva, para quien es su objeto. Y cada día se incrementa más esta tendencia por la erotización que vivimos a través de todos los medios de comunicación y el “destape”. 

En cuanto a la atracción por lo malsano y cruel, la psicóloga clínica y magíster en terapia familiar sistémica Sonia Navas Gafter no cree que la mayoría de las personas son morbosas. Sin embargo, algunas hacen uso de imágenes que pueden ir logrando una pérdida de sensibilidad en los seres humanos.

Su frecuencia
La socióloga y psicóloga clínica Bertha Cuenca de Jaramillo piensa que no existe una morbosidad sana. Para ella, es un descontrol mental del sujeto y si no tiene quién lo asesore desde pequeño, lo acepta como algo normal, sin poder controlar sus instintos. “Para mí, toda anomalía es mala, peligrosa, dañina, nos hacemos daño y se lo hacemos a otros. Incluso nos convertimos en masoquistas o sádicos. De ahí que es necesario prever, educar, orientar en el ámbito sexual a la sociedad”.

Según Zambrano, la morbosidad es más frecuente en los varones, sobre todo en quienes tienen problemas para relacionarse normalmente con personas del otro sexo, y pueden tener o no otro trastorno en la esfera sexual, como fetichismo, voyeurismo. “Es la tendencia a mirar de una forma como que desnuda a esa persona”.

Manuel, de 30 años, se define como un voyeur (mirón). Le encanta ver videos pornográficos por internet. “He encontrado links gratuitos y de larga duración, de una hora, y contemplar escenas eróticas o de contenido triple X, que van de la mano con mis fantasías, me produce placer y los descargo con mi pareja del momento”.

Manuel piensa que morbo es una patología ligada a patrones más insanos o desagradables considerado como una conducta completamente reprochable. Como, por ejemplo, ver videos con animales (zoofilia); que hagan sus necesidades biológicas sobre su cuerpo (coprofilia); o que agreden o maltraten a una persona para encontrar placer (sadomasoquismo). “En ninguna de estas categorías paso mi tiempo. Si mido en horas de búsqueda y navegación, sobre material porno, no sobrepaso de tres horas en toda la semana. El resto del tiempo busco información de interés noticioso, blogs sobre tecnología o páginas de artículos de compra.

¿Y las mujeres?
El problema no está solo en los varones, también en las mujeres, según Cuenca. “Si analizamos el medio en que estamos, por naturaleza las hay sexys y sensuales, por lo que atraen la atención del género opuesto; y si a ello se añade el esnobismo (moda extranjera que promociona el exhibicionismo), el pudor ya no existe, por lo que la vestimenta actual incita a que los hombres afloren sus instintos con piropos hirientes, claro está, dependiendo de su personalidad. Además, “el sentido de la percepción nos intuye a sentir cómo cierto tipo de miradas nos desnudan y nos hieren con las expresiones que lanzan”, agrega.

Según la psicóloga clínica Romy Albuja Arteaga, en Guayaquil, desde hace seis años se ve en algunas mujeres conductas morbosas. Asisten a discotecas o a despedidas de solteras en las que hay stripers o nudistas; y no necesariamente están dentro de un plan de admiración hacia la belleza sexual genital, sino que la combinan con expresiones vulgares, agresivas o grotestas. Incluso van más allá: “Señoras con tres o cuatro amigas los contratan para que las visiten en su suite y cada una tome a quien le pareciera... todo para hacer mantenimiento”, asegura Albuja.

Envío de mensajes
Es normal que cierto tipo de escenas, eventos o personas nos despierten interés de tipo sexual, pero no hay que dejar que se convierta en una obsesión que genere conductas  morbosas claramente ofensivas para otras personas.

Según Zambrano, hay hombres que envían diariamente a sus amigos imágenes pornográficas a través del correo electrónico, y lo hacen como una forma de escape o manera de tapar sus inseguridades. Quieren dar a entender lo mucho que saben, les gusta o disfrutan de un amplio repertorio de conocimientos o “técnicas sexuales”. Pero puede llegar a ser un verdadero problema o trastorno sexual tanto para quien inicia el envío de este tipo de material como para quien está ávido de recibir y compartirlo con otras personas.

También podrían causar dificultades en la vida conyugal. Romy Albuja afirma que es real la influencia negativa que este tipo de situaciones está generando, especialmente en matrimonios de 8 a 9 años de conformación y que fluctúan en edades de 30 a 38 años. “Las esposas se sienten inconformes por las nuevas inquietudes que aparecen en su pareja como, por ejemplo, insinuarles la presencia en el acto sexual de una tercera persona”.

Estas ideas parten justamente del medio electrónico y, pese a que aun siendo poca la frecuencia, despiertan en el individuo un deseo morboso que rompe límites. Las esposas comienzan a preocuparse porque son presionadas y exigidas por su marido incluso sabiendo que violenta las leyes básicas de moral, lo espiritual y la salud.

“A ellas no les preocupa tanto la fuente que despertó esta inquietud en el esposo, sino la fuerza que genera esta fantasía y que hace desconocer ese tipo de perversión en su pareja”.

Por último, en las personas de más edad, este tipo de información morbosa, dice Albuja, unida a los desequilibrios emocionales que se sufre en la etapa de la menopausia o andropausia, más las inseguridades, temores, el miedo a envejecer o la baja potencialidad, encuentran en estos mensajes morbosos el terreno ideal para desarrollarse”.


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