La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 21 de Junio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Cuerpo y Alma
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    BBC Mundo
    Lo Nuevo
    Dr. Tecno
    Columnistas
    Gente de cine
    Sociedad
    Tendencias
    Perfiles
    Destino
    Belleza
    Gastronomía
    Libros
    Orientación
    Urbanismo
    Salud
    De Cine y Del Resto
    Show
    Cocina de Patricia
Columnistas 
Creciendo Con Nuestros Hijos
Para sanar hay que llorar
Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Ángela Marulanda | www.angelamarulanda.com

PREGUNTA: Hace unos meses que mi esposo y yo decidimos separarnos debido a que la situación entre nosotros era insoportable.

Ambos hemos hecho lo posible porque nuestro hijo no sufra, y él ha tomado las cosas con mucha madurez. Pero en el colegio me dicen que está muy agresivo con sus compañeros y que ha desmejorado mucho en sus estudios. Ellos creen que el niño está afectado por nuestra separación, pero no puede ser porque él no ha estado triste en ningún momento. ¿Qué nos recomienda hacer? 

ÁNGELA RESPONDE: Pretender que no ha ocurrido nada grave y que todos estamos muy bien es una actitud frecuente de los padres cuando el matrimonio se acaba, para evitar que los hijos sufran. Nuestro rompimiento es una pérdida muy dolorosa para todos en la familia pero, como nos duele mucho ver a los niños afligidos por nuestros problemas,  es usual que tratemos de aliviar de inmediato su sufrimiento minimizando el impacto por lo ocurrido y procurando que estén lo más contentos posible.

Mantener a los hijos entretenidos para que no sufran servirá para cubrir su herida pero no para sanarla. Su corazón se ha roto y lo que urge es comprender qué es lo que ellos necesitan para recuperarse, no tratar de que evadan lo que los aflige. Las penas son al corazón lo que cualquier herida física es al cuerpo. Primero sangran profusamente y duelen mucho. Pero si se cuidan como es debido, se van curando y el dolor va disminuyendo hasta convertirse finalmente en una cicatriz que, aunque no duele, siempre estará allí como testimonio de esa pérdida que marcó su vida.

Cuando un niño no se muestra triste ante la separación de sus padres no es porque lo haya “asumido con mucha madurez”. Lo que indica una actitud aparentemente imperturbada de un hijo es que está “en negación”, es decir, que no ha aceptado lo ocurrido o que simula estar tranquilo para no contrariar a sus padres.  Las personas que no lloran no pueden elaborar su duelo y son como los seres queridos de un difunto que no se muestran afligidos ante su muerte: entierran pero no destierran su sufrimiento.

En la misma forma en que una herida profunda que se cubre sin tratarse ni curarse se infecta y nos enferma, las penas que no se procesan son como llagas abiertas  e “infectadas’ en el corazón que pueden dar lugar a problemas graves como depresión, agresividad, asma, incapacidad para concentrarse,  auto-agresiones, etc.  Por eso es importante  buscar la asistencia de un profesional especializado en el tema de duelos para ayudar al niño a sanar la herida que “partió su corazón” …y también el suyo.

Debido a que el dolor nos hace sentir muy abatidos es usual que los padres procuremos deshacernos de esa  profunda tristeza sin sentirla, y a la vez tratar que los hijos tampoco la sientan para que no nos la recuerden.  Sin embargo, la forma como los padres enfrentemos el dolor, así como nuestra disponibilidad para aceptar las pérdidas y nuestro valor para expresar lo que sentimos, van a ser cruciales para que los niños aprendan a enfrentar los hechos dolorosos de la vida con la valentía y entereza que requieren para superarlos.

www.angelamarulanda.com


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados