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Edición del DOMINGO 21 de Junio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Emilio Bruzzone y su sueño Continental
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Emilio Bruzzone maneja el hotel Continental, una herencia de familia.
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Fue el gestor, junto con su padre, de uno de los hoteles íconos de la ciudad: el Continental, y también del reconocido restaurante de comida típica La Canoa.

Se había graduado de hotelero en Génova, tras cinco años de estudio. Y había regresado a Guayaquil con el sueño de tener un hotel grande y lujoso.

Emilio Bruzzone tenía 21 años y su papá, tres hoteles en los cuales ganaría experiencia: El Pacífico, el Majestic y el viejo Continental, que se ubicaba en los predios donde hoy queda el  Rizzo.  Trabajó con él desde 1961 hasta 1970, tiempo durante el cual aprendió la administración y el manejo hotelero, siempre con el anhelo de dirigir uno propio.

“Es una historia de nueve años de soñar que un día se cristalizó porque pudimos comprar un pedazo de terreno”, cuenta sentado en una de las mesas de ese hotel que se hizo realidad.

En la calle Chile, entre Aguirre y Diez de Agosto, se presentó  la oportunidad de comprar tres terrenos que sumaban un área total de 1.100 m², suficientes para levantar un hotel ejecutivo en pleno centro de la ciudad.

El proceso de compra se hizo de a poco y les llevó casi tres años. Cuando adquirieron los lotes se enfrentaron al desafío de construir sin contar con el dinero suficiente. “Terminó la década de los sesenta y estábamos casi listos para construir, pero la situación política y económica era complicada”.

Se la jugó y fue hasta la Corporación Financiera Nacional (CFN) para pedir que lo respaldaran en el proyecto. Cumplió los requisitos y obtuvo un crédito de 3 millones de dólares, que pagó a diez años.

La edificación empezó de cero. Los planos y la construcción en sí, señala Emilio Bruzzone, estuvieron a su cargo porque el ingeniero contratado falleció de un infarto al mes de iniciada la obra. El hotel Continental, con 90 habitaciones, se inauguró en octubre de 1974.

“Era el primer hotel moderno que tenía la ciudad”, recuerda, en una época en que no había turismo y el poco que existía en el país era para las islas Galápagos.

El hotel empezó su equipamiento y como parte de la planificación nació la idea de abrir una cafetería. Debía tener acceso desde la calle y orientarse al público de la ciudad, pero con la alimentación que le gusta a la gente de la urbe: la comida típica. La idea encontró más de un detractor.

“En esa época pensar que un hotel de lujo tuviera caldo de manguera era como que en este momento se usara un hilo para andar en la calle, era así de descabellado y vergonzoso. Cómo un hotel de lujo va a servir caldo de manguera, estás loco, me dijeron”.

Pasaron tres años hasta que La Canoa comenzara a engranar en el gusto de la gente. En los años 78 y 79 se empezó a ofrecer café conciertos en el salón Los Candelabros y cuando terminaban la gente bajaba con ganas de comer algo.  “Y esos les enseñaron a los otros que cuando finalizaba una fiesta la terminaban en La Canoa”.

No hubo un secreto más que trabajar todos los días para que la atención sea de calidad. Su idea fue ‘matrimoniar’, como él mismo dice, la comida criolla con el servicio internacional y los conceptos gastronómicos formales.  El restaurante ganó fama, al punto de que reconocidos artistas como Gloria y Emilio Estefan, Nicola di Bari, Julio Iglesias y Alberto Cortez han integrado la lista de comensales.

Reconoce que es exigente y de carácter fuerte, pero lo justifica. “No me gusta nada menos de lo que está bien y realmente miro siempre a mi cliente como la fuente de mi inspiración, de no ser así haría lo que me gusta a mí y probablemente eso no le gusta a mi cliente”.

A sus 70 años piensa seguir dedicado al hotel, porque tras 35 de funcionamiento, el Continental aún le quita el sueño. (K.V.)


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