La pregunta del millón es de qué vivió Fabricio Correa entre el 2002 y el 2007.
Digo esto porque según su propia versión, desde fines de los años noventa no tiene cuenta corriente ni de ahorro, así que “todo” se lo paga su empresa Aplitec. “Todo” quiere decir, claro está, el supermercado, los estudios de los hijos, las salidas al cine, el cambio de aceite del carro, etcétera. ¿De dónde salió todo ese dinero si la empresa prácticamente se inmovilizó en ese tiempo por la crisis económica de fines de los noventa?
Correa responde que el patrimonio de Aplitec es multimillonario debido a que en sus primeros años de actividad fue muy exitosa. Pero los datos que tengo no concuerdan, porque el 14 de diciembre del 2004 el Municipio de Durán clausuró sus instalaciones en ese cantón por una deuda pendiente de 9.045,12 dólares, correspondientes a patentes y permisos.
¿Cómo es posible que una empresa con un patrimonio tan importante permita que la cierren por una cifra tan insignificante (para un millonario, claro está)?
Aplitec demoró tres meses en acercarse a negociar. El 15 de marzo propuso abonar un adelanto del 30% de la deuda (2.714 dólares), dejando el resto para cancelarlo luego por partes. El Municipio de Durán aceptó, pero según sus autoridades todavía hay un saldo impago de 412 dólares.
Aun así la orden de clausura se levantó gracias a que el Banco Internacional comunicó que Aplitec se había mudado y que las instalaciones en Durán habían cambiado de dueño.
Hay algo más. Si la empresa –que según el Municipio de Durán no paga sus deudas– ha estado contabilizando los gastos personales de Correa como costos, se me ocurre que el Servicio de Rentas Internas debería investigar, puesto que declarar costos falsos perjudica a los trabajadores (que no reciben el porcentaje que les toca por utilidades) y a las arcas fiscales, que dejan de percibir el impuesto a la renta.
Fabricio Correa comenzó su exitosa carrera de empresario hace 25 años con un pequeño negocio especializado en bombas de agua y drenaje. Pero eran los años ochenta y noventa, cuando el camarón y el banano aún eran importantes, así que trabajo nunca le faltó. A fines de los noventa, sin embargo, estalló la crisis económica y las cosas se pusieron difíciles. El 2002 llegó al poder Gustavo Noboa, amigo personal de los dos Correa y ex presidente de Aplitec. El hermano del Presidente creyó que podría salir a flote cuando consiguió un par de contratos con el Estado. Pero lo acusaron de incumplido y de nuevo la situación se puso color de hormiga. Bastante abatido, el hermano mayor de los Correa quiso incursionar en un negocio del que no conocía nada, el de llamadas celulares prepagadas. Pero de nuevo fracasó. Con un historial así, no hay empresa ni patrimonio multimillonario que alcance, y hasta una deuda de nueve mil dólares se vuelve impagable.
Pero el 2007 llegó Rafael Correa a la Presidencia. Según Fabricio, fue como si lo hubiesen puesto delante de un bufé para que coma todo lo que quisiese, pero no quiso comérselo todo y se contentó con 80 millones de dólares en contratos. En dos años apenas. Así cualquier revolucionario se vuelve “pelucón” light.