domingo 14 junio Columnistas

Walter Spurrier Baquerizo

Demagogia porcina

La comunidad coopera para controlar la gripe porcina, pero con excepciones, declaró el subsecretario de Salud, Marcelo Aguilar: “En varias zonas de Samborondón se hicieron cercos para reducir el riesgo, pero fueron vulnerados y siguieron yendo a discotecas, lugares públicos y concentraciones”.

¿No será que los habitantes de dichas ciudadelas, familiarizados con dicho virus, se habrían percatado de que la porcina no es más fuerte que otras gripes, mientras que sectores de la sociedad aún no expuestos temiesen que fuese letal y por ello su mayor cuidado?

El discurso “antipelucón” hace presa de las políticas de salud. Algo tan delicado como la acción que debe seguir un país para frenar  futuras letales gripes, es ahora herramienta de politiquería.

El surgimiento en México de la gripe porcina (AH1N1) alarmó a la comunidad salubrista mundial. Cundió el temor de que pudiera ser letal y propagarse por el mundo.

México adoptó medidas drásticas para intentar contenerla. Las autoridades mundiales de salud ven en esto la primera línea de defensa. Pero reconocen que si no se lo logra en 30 días, la defensa fracasa, y hay que recurrir a las medicinas que reducen la virulencia de la afección.

La contención fracasó. Se expandió de América del Norte a América del Sur; Australia reporta numerosos casos. Al extenderse en dos continentes la OMC la declara pandemia, término que solo quiere decir que “ya es de todos”, que es inútil intentar frenarla; que no se pongan restricciones a los viajeros.

Lo que sí cabe es intentar amortiguar la velocidad de su propagación, por el problema que se causaría si muchísimas personas acudieran simultáneamente a los centros de salud. Las agencias mundiales de salubridad recomendaron en su momento el cierre de clases por dos semanas para frenar el avance de la gripe. Pero queda por evaluarse la efectividad de tal medida.

En Estados Unidos, la disposición de cerrar clases se suspendió a principios de mayo. Canadá nunca cerró clases, por considerar –quizá con razón– que mejor es tener a todos los chicos juntos bajo supervisión, que permitir que los jóvenes agripados circulen ampliamente contagiando al resto de la comunidad.

Quizá porque aquí llegó después, en  Ecuador se siguen cerrando colegios. Las autoridades de salud acaban de cerrar el colegio Teniente Hugo Ortiz, de esta ciudad.

Nuestras autoridades deben equilibrar las medidas de contención de la gripe porcina como entrenamiento para un futuro virus más grave, y no exagerar, ya que pueden perder credibilidad. Nadie se encierra por semanas por una gripe. En un vuelo Guayaquil-Quito (originado en Galápagos) nos obligaron a los viajeros a portar máscaras y llenar un formulario de salud para desembarcar en la capital.

Tarde o temprano vendrá un virus letal. De las nuevas gripes del siglo XX, tres se convirtieron en pandemias. La primera de ellas, la española de 1918 (AH1N1 como la porcina), mató al menos 20 millones de personas. Hace cuatro años apareció la letal gripe aviar, que no se convirtió en pandemia por su difícil propagación a los humanos.

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